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Chapter 59 by bla12 bla12

¿Cómo va la cena?

Con una sugerencia

El restaurante era íntimo, un refugio de velas que hacían brillar los cubiertos de plata y proyectaban sombras sinuosas sobre las paredes de piedra. Magi, sentada frente a Lorenzo, lucía un vestido de seda verde esmeralda que Adrián le había enviado esa tarde. "Verde para la esperanza", decía la nota con un sarcasmo que a ella le hizo sonreír frente al espejo. "Esperanza de que no falles". El tejido se deslizaba sobre su piel como una caricia líquida, recordándole que cada centímetro de su cuerpo estaba diseñado para el éxito de la misión.

La cena había sido un despliegue de ingenio. Lorenzo era un conversador brillante, pero Magi no se sentía "atrapada" en una ilusión; se sentía la directora de la orquesta. Disfrutaba de la calidez en la mirada de él, no porque buscara afecto, sino porque esa calidez era la prueba de que su presa estaba bajando la guardia.

—Hay una luz en usted que lucha por salir, Magda —le dijo él, sirviéndole más vino—. Una luz que el mundo de Adrián Soler suele apagar. Es una lástima.

Magi sintió una punzada de excitación ante la observación. Le gustaba que él creyera que podía "salvarla"; esa era la debilidad clásica de los hombres inteligentes. Justo cuando iba a lanzar una respuesta cargada de esa falsa vulnerabilidad que tanto lo atraía, su teléfono vibró en el bolso.

Un vistazo furtivo bajo la mesa. El mensaje de Adrián era corto y brutal: “¿Avances? No me pagas para hacer amigos. Llévalo a un hotel. El 'Versalles', tiene suite a mi nombre. Acaba esto.”

En lugar de hundirse, el corazón de Magi dio un vuelco de adrenalina. Adrián quería resultados, y ella estaba a punto de darle una clase magistral. La "burbuja" no estalló; simplemente se transformó en el acto final de su actuación. Lorenzo no era un hombre amable al que proteger; era el objetivo que validaría su ascenso.

Alzó la vista y encontró la mirada de Lorenzo. Él había notado el cambio, pero ella no dejó que fuera una sombra de miedo, sino un brillo de "urgencia" deseosa.

—¿Malas noticias? —preguntó él con suavidad.

—Al contrario —mintió Magi, humedeciendo sus labios mientras recuperaba la máscara de Magda con una precisión absoluta—. Un recordatorio de que la noche es corta y de que no quiero desperdiciarla hablando solo de arte.

Lorenzo dejó su copa, intrigado por el repentino cambio de marcha en la intensidad de ella.

—A veces los recordatorios interrumpen conversaciones que valen la pena —comentó él.

Magi sonrió, una sonrisa que prometía mucho más que palabras. Las órdenes de Adrián eran su guion, pero ella pondría la pasión.

—Este lugar es precioso, pero me siento... observada —dijo, inclinándose hacia adelante para que el verde esmeralda de la seda se tensara contra su pecho—. ¿Conoces algún sitio más privado? ¿Para terminar la noche como se debe?

Lorenzo la miró largamente. No era la mirada de un hombre que ve una trampa, sino la de uno que ha decidido dejarse llevar por una mujer que lo fascina. Él creía que estaba viendo a la "verdadera" Magda tomando una decisión audaz.

—Conozco un lugar —dijo al fin, su voz volviéndose más densa—. Cerca. Pero Magda… —hizo una pausa—. Algunas puertas, una vez que se cruzan, no tienen vuelta atrás. ¿Estás segura de querer abrir esta?

La pregunta era el último obstáculo. Magi no sintió que el suelo se abría; sintió que por fin estaba volando. Si decía que sí, no solo cumplía con Adrián, sino que se coronaba a sí misma como la reina de este nuevo y oscuro ecosistema.

Bajo la mesa, guardó el teléfono con un gesto decidido.

—Nunca he estado más segura de nada —susurró, sosteniéndole la mirada con un hambre que Lorenzo confundió con pasión.

Lorenzo asintió, una chispa de triunfo en sus ojos, y se levantó para ofrecerle la mano.

Al tomarla, Magi no sintió que se arrastraba a su condena. Sintió la victoria. Cada paso hacia la salida del restaurante era un paso hacia el hotel Versalles, hacia la firma del contrato y hacia su consolidación definitiva. Ya no era la cadete que temía cruzar la línea; era Magda, y estaba a punto de demostrar que no solo podía cruzar la línea, sino que podía borrarla por completo.

¿Qué pasa en el hotel?

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