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Chapter 25 by bla12 bla12

¿Cómo sigue la misión?

Conoce a un nuevo objetivo

El zumbido en su oído era un recordatorio constante de que no estaba sola, de que cada sonrisa, cada gesto, cada susurro era observado y juzgado. Magi se dirigió hacia la mesa redonda donde estaba sentado el hombre de la chaqueta blanca, como Costa había ordenado. Cada paso en los tacones altos sentía como si clavara estiletes en el suelo de madera pulida, y el vestido negro se movía sobre sus piernas como una sombra pesada y sedosa.

El hombre era más joven que el anterior, con una sonrisa fácil y una mirada que ya la estaba desnudando desde lejos. No esperó a que ella llegara; le hizo una seña para que se acercara, como si llamara a un perro.

—Sonríe. Siéntate a su lado sin esperar invitación. Eres parte del mobiliario, susurró la voz metálica de Costa.

Magi forzó una sonrisa y se deslizó en el sillón junto a él. El cuero era frío a través de la delgada tela de su vestido.

—¿Nueva por aquí? —preguntó él, su mano encontrando inmediatamente su rodilla bajo la mesa. Sus dedos eran cálidos y húmedos. — Me llamo Adrián.

—Sí —respondió ella, tratando de que su voz sonara ligera, juguetona, todo lo contrario, a lo que sentía: un nudo de repulsión y ansiedad que le apretaba la garganta.— Magda.

—Me gustan las nuevas —dijo Adrián, acercándose más. Su aliento olía a menta y a ginebra—. Tienen ese... miedo que es tan excitante.

—Pregúntale si viene aquí a menudo. Si es un inversionista, ordenó Costa.

—¿Eres... un inversionista? —preguntó Magi, tratando de desviar la conversación lejos de su "miedo excitante".

Adrián rió, una risa hueca y autocomplaciente.

—Invierto en lo que me gusta. Y me gusta probar cosas nuevas. —Su mano se deslizó unos centímetros más arriba en su muslo—. ¿Eres una buena inversión?

Magi contuvo el impulso de empujarlo. Respiró hondo, recordando las "lecciones" de Silva.

—Depende de lo que busques —logró decir, con una voz que esperaba fuera seductora pero que sonaba ronca y tensa.

—Busco diversión. Y discreción —respondió él, su mirada cada vez más intensa—. Aquí se valora la discreción. Por eso me gusta este lugar. Los dueños saben cómo manejar... situaciones delicadas.

—Sigue por ahí. Pregunta por los dueños, insistió Costa.

—Los dueños deben de ser gente importante —insinuó Magi, bebiendo un sorbo de su copa para mojar sus labios secos.

—Gente con conexiones —dijo Adrián, encogiéndose de hombros como si fuera algo mundano—. Saben mover dinero sin hacer ruido. Limpiar activos es un arte, ¿sabes? Y aquí son unos verdaderos artistas.

El corazón de Magi dio un vuelco. Era la primera vez que alguien mencionaba algo tan directo.

—Excelente. Sigue. Pregunta cómo, la voz de Costa sonó casi excitada.

—¿Cómo... cómo se hace ese arte? —preguntó Magi, tratando de sonar curiosamente impresionada y no como una espía a punto de hiperventilar.

Adrián la miró fijamente, y por un momento, Magi pensó que había ido demasiado lejos. Su sonrisa se desvaneció.

—Esa es una pregunta muy específica para una chica tan... decorativa —dijo, su voz perdiendo la calidez artificial—. ¿Te interesa el arte o los artistas?

—Retirada. Ahora. Di que necesitas ir al baño, cortó Costa, su tono urgente.

—Disculpa —dijo Magi, levantándose con una sonrisa temblorosa—. Necesito ir al... al baño.

Adrián asintió, pero su expresión cambió. La curiosidad había reemplazado al desdén.

—Espera —dijo, agarrando su muñeca con una fuerza que no esperaba—. El baño puede esperar. Ven, te voy a mostrar algo más interesante.

Se levantó, sin soltarle la muñeca, y comenzó a guiarla hacia la parte trasera del club, lejos de la zona principal, hacia un pasillo más oscuro y estrecho donde la música era un latido lejano.

—No te resistas. Síguele. Esto podría ser mejor de lo esperado, susurró Costa en su oído, la voz cargada de una expectación que a Magi le resultó nauseabunda.

—¿Adónde... adónde vamos? —preguntó Magi, tratando de no sonar alarmada.

—A donde la verdadera diversión —respondió Adrián en un tono enigmático—. Los salones VIP no son solo para tomar champagne, preciosa.

¿Qué pasa a continuación?

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