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Chapter 25 by bla12 bla12

¿Cómo va el trabajo con el nuevo uniforme?

Con mucho cuidado

El bikini de seda negra se sentía como una trampa de araña sobre su piel: frío, pegajoso, y grotescamente insuficiente. Cada movimiento de Magi era una batalla entre la necesidad de realizar su trabajo y el instinto primario de encogerse, de cubrirse. El aire acondicionado, siempre alto en el estudio, soplaba directamente sobre ella, erizando su piel y convirtiendo cada tarea en un suplicio de autoconsciencia.

Su primera labor fue limpiar los objetivos de las cámaras. Implicaba inclinarse sobre la mesa de equipo, una larga superficie de metal pulido. Al doblarse, sintió el pánico inmediato: el temor a que el triángulo diminuto de la parte de arriba se desplazara, a que el hilo dental de abajo se convirtiera en una simple línea oscura entre sus nalgas. Al agacharse, un tirón incómodo en la espalda le advirtió que la tela era más frágil de lo que parecía. Movió el brazo con torpeza, frotando el cristal con un paño de microfibra, hiperconsciente de que su espalda estaba completamente expuesta a la sala, a las miradas que sabía que estaban allí, incluso si no las veía directamente.

—Un poco más de cuidado, Magi —la voz de Elara cortó el aire desde su oficina, cuya puerta estaba abierta como el palco de un teatro—. Ese equipo es más valioso que tu salario de un año. No lo rayes.

Magi contuvo el aliento. El comentario no era sobre el equipo; era un recordatorio de su valor relativo. Un objeto cuidando a otro objeto.

Siguió con la tarea de reorganizar los fondos fotográficos, pesados rollos de papel vinilo y telones de lona. Agarrar uno y cargarlo hasta el rack requirió flexionar las rodillas y abrazar el peso sobre su pecho. El esfuerzo hizo que sudara, y la seda del bikini se le pegó instantáneamente a la piel, delineando cada curva con una precisión humillante. Al levantar el rollo, sintió un tirón brusco en el anudado del cuello—un hilo cedió, y por un segundo aterrador, creyó que la parte superior cedería por completo. Se inmovilizó, conteniendo la respiración hasta que sintió que el nudo aún resistía. Al acomodar el rollo, sintió que la parte de atrás de la prenda se hundía peligrosamente. Un sonido ahogado, una risa rápida y sofocada, llegó desde donde un par de asistentes preparaban un set. Magi apretó los ojos, sintiendo el calor subirle por el cuello.

—Magi, el fondo cian va antes del negro, no después —Elara no alzó la voz. Hablaba con la calma de quien dicta una verdad incuestionable—. El orden es fundamental. Como la elegancia. No es solo lo que muestras, es cómo lo muestras.

La humillación era metódica, coreografiada. Cada corrección, cada instrucción, estaba diseñada para enfatizar su exposición. Cuando se agachó para recoger una pinza que se había caído, la tensión en la delgada tela de la entrepierna fue tan extrema que sintió que las costuras crujían de protesta. Creyó, con un pánico súbito, que se rasgaría allí mismo, dejándola completamente desnuda frente a todos. Sintió cómo toda la sala contenía la respiración. El simple acto de recoger algo del suelo se convirtió en una actuación obscena.

La gota que colmó el vaso fue cuando Elara le pidió que limpiara el suelo alrededor de un set donde habían derramado un poco de agua.

—Usa la toalla de papel. Y sé minuciosa —dijo Elara, con esa sonrisa gélida que nunca llegaba a sus ojos—. La suciedad en el estudio es como la imperfección en el arte. Inaceptable.

Magi se arrodilló. La posición era tan ****, tan deliberadamente expuesta, que las lágrimas le nublaron la visión por fin. Al apoyar una mano en el suelo frío para mantener el equilibrio, la parte inferior se corrió de forma alarmante, y tuvo que contraer los músculos con fuerza para evitar que un movimiento en falso la dejara al descubierto de la manera más grotesca. Trabajó con movimientos rápidos y torpes, deseando que el suelo se la tragara. El bikini se sentía como una burla cruel, ¿cómo podía protegerla de la suciedad cuando ni siquiera podía protegerla de las miradas o de su propia fragilidad?

A través de sus pestañas empañadas, vio los zapatos impecables de Elara acercarse y detenerse a su lado. No dijo nada. Solo observaba. Su silencio era el comentario más elocuente de todos. Magi siguió frotando el suelo, cada movimiento de sus brazos haciendo que su cuerpo se balanceara levemente, un recordatorio constante de lo que estaba en exhibición y de lo precario de su situación.

Cuando terminó, se levantó temblorosa, sintiendo otra vez cómo la tela se ajustaba de manera traicionera a su cuerpo. Elara aún estaba allí.

—Bien —dijo simplemente—. Ahora ve a preparar el café. Los clientes de ayer vuelven esta tarde. Están ansiosos por ver cómo… progresa su nueva musa.

La palabra "musa" sonó como el epitafio de la persona que Magi había sido. Asintió, sin atreverse a hablar, y se dirigió a la pequeña cocina, sintiendo cada mirada, cada susurro, como una marca de fuego en su piel. El bikini no era solo un uniforme. Era una jaula de seda y ansiedad, y cada tarea, por mundana que fuera, era un acto de sumisión y un peligro inminente en el circo que su vida se había convertido. Y Elara era la domadora, sonriendo fríamente desde el centro de la pista.

¿Cómo sigue el día?

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