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Chapter 8 by bla12 bla12

¿Puede continuar el día sin nuevos incidentes?

No

El peso del foco aún ardía en sus brazos cuando Magi volvió a sus tareas, cada músculo protestando no solo por el esfuerzo físico, sino por la tensión de saberse permanentemente observada. Intentaba moverse como una sombra, sin ruido, sin tropiezos, reduciendo su presencia a la mínima expresión posible. La seda de la blusa se había convertido en un castigo perpetuo: cada estiramiento, cada roce, la hacía consciente de su piel desnuda debajo, recordándole que en este lugar ni siquiera su propio cuerpo le pertenecía por completo.

Elara no decía nada. Su silencio era un cuchillo que cortaba más profundamente que cualquier regaño: Magi sabía que estaba siendo observada, evaluada, medida por estándares que nunca le habían sido explicados pero que sentía que estaba fallando constantemente.

Se inclinó para desenredar un cable de reflector, conteniendo la respiración como si eso pudiera hacerla más pequeña, menos visible. Estaba tan concentrada en no cometer errores que no vio el gancho metálico sobresaliendo de un trípode. El sonido fue seco, implacable: rrrip.

El pánico la atravesó como una descarga eléctrica. Se llevó la mano al pecho justo a tiempo para sentir cómo el hilo central se soltaba con una facilidad aterradora. Los pequeños botones, liberados de tensión, cedieron uno tras otro como perlas de un collar roto. La seda se abrió en un suspiro cruel, como una cortina descorrida para revelar un espectáculo que nunca había querido ofrecer.

El aire frío del estudio golpeó su piel desnuda con la violencia de una bofetada. Sus pechos quedaron expuestos sin mediación alguna, los pezones tensos por el contraste térmico y por el shock de la exposición. Magi se congeló, el tiempo suspendiéndose alrededor suyo mientras su mente intentaba procesar la catástrofe. La modelo interrumpió su pose, girando con una mezcla de asombro y curiosidad que sentía como alfilerazos en la piel. El hombre de los bocetos no apartó la mirada, y esa mirada sostenida le resultó más violenta que el desgarro mismo.

La vergüenza fue tan brutal que Magi apenas pudo respirar. Sintió que el suelo se abría bajo sus pies, tragándose no solo su dignidad sino todos los argumentos que había usado para convencerse de que podía soportar esto. Cubrirse habría sido inútil: la seda desgarrada pendía de sus hombros como una burla, un recordatorio de lo frágil que era la protección que le ofrecían las apariencias.

Elara permanecía inmóvil, sus ojos claros fijos en ella como los de un depredador que observa a su presa caer. No pronunció reproche alguno. Ese silencio la destrozaba más que cualquier insulto, porque confirmaba que esto era exactamente lo que se esperaba de ella: el fracaso, la exposición, la reducción a su cuerpo desnudo y ****.

Magi no resistió. No había lucha posible contra una humillación tan completa. Giró sobre sí misma y corrió hacia el vestidor, con los brazos cruzados sobre el pecho no para ocultarse (sabía que era demasiado tarde), sino para intentar contener los pedazos de sí misma que sentía desmoronarse. La seda rota se agitaba tras ella como una bandera blanca: prueba de derrota, de rendición, de la imposibilidad de seguir pretendiendo que esto era solo un trabajo.

Al cerrar la puerta, se dejó caer al suelo como un peso muerto. Se abrazó a sí misma, temblando, mientras las lágrimas resbalaban por su rostro y caían sobre la seda destrozada que aún colgaba de sus hombros. La blusa, esa prenda que debía vestirla con elegancia, se había convertido en el cuchillo que la desnudaba, literal y metafóricamente.

En ese momento entendió que el Studio Lumière no solo la observaba. La despojaba. Capa por capa, defensa por defensa, hasta dejar al descubierto no solo su cuerpo, sino todas sus inseguridades, todos sus miedos, todas las razones por las que siempre había preferido pasar desapercibida. Y lo haría, una y otra vez, hasta que no quedara nada que esconder, hasta que se convirtiera en exactamente lo que ellos querían que fuera: un objeto, una imagen, una cosa para ser mirada.

¿Puede escapar?

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