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Chapter 56
by
bla12
¿Qué piensa Cecilia después del bautizo?
No era lo que ella esperaba
La luz cruda del estudio se apagó, sumiendo el set en una penumbra repentina que parecía absorber hasta el último sonido. El silencio que siguió al último click de la cámara era más ensordecedor que el de antes. Celia seguía de pie en el centro del círculo vacío, inmóvil, como si las órdenes hubieran petrificado sus músculos. Las lágrimas habían dibujado dos líneas oscuras en el maquillaje que Lilith le había aplicado con mano experta hacía menos de una hora.
Magi no se atrevía a acercarse. Sus manos, las mismas que habían guiado los brazos de su hermana hacia la humillación, colgaban inertes a los lados del cuerpo, pesadas como bloques de culpa solidificada.
Fue Elara quien rompió el hechizo. Se acercó a Celia no con la crudeza de Lilith, sino con una parsimonia que resultaba aún más aterradora.
—Bien —murmuró, casi para sí misma, mientras recorría con la mirada el cuerpo tembloroso de la chica—. El primer corte es siempre el más profundo. —Su mano, fría a pesar de la temperatura del estudio, se posó en el hombro desnudo de Celia—. Ahora viene la parte importante: la cicatrización.
Celia se estremeció al contacto, pero no se apartó. Parecía haber agotado toda capacidad de reacción.
—Magi —llamó Elara sin volverse—. Acompaña a tu hermana al vestuario. Ayúdala a cambiarse. —Hizo una pausa deliberada—. Y después, quedas con ella. Esta noche, tu trabajo es cuidarla.
Las palabras cayeron sobre Magi como un fardo de hielo. ¿Cuidarla? ¿Después de lo que acababa de hacer? Era una broma sádica, una vuelta de tuerca más en el tormento.
Sin embargo, obedeció. Con pasos lentos, se acercó a Celia. Al tocarla del codo para guiarla, notó que su piel estaba helada.
—Vamos —susurró Magi, con una voz que no reconoció como propia.
Celia se dejó llevar, mecánica, los ojos vidriosos y fijos en un punto lejano e inalcanzable. El camino al vestuario fue un viacrucis en silencio. Una vez dentro, Magi cerró la puerta y se apoyó contra ella, buscando una fortaleza que no tenía.
—Celia… —comenzó a decir, pero las palabras se ahogaron en su garganta. ¿Qué podía decir? ¿"Lo siento"? Era tan insuficiente como obsceno.
Fue Celia quien rompió el silencio. Con movimientos torpes, comenzó a quitarse el vestido rosa. La seda, ahora manchada de sudor y lágrimas, se deslizó por su cuerpo y formó un charco de color pálido en el suelo.
—Duele —dijo, y su voz era un hilo quebrado, desprovisto de la energía de apenas unas horas antes—. Duele más de lo que pensaba.
Magi apretó los puños, sintiendo las uñas clavándose en sus palmas. —Tenías que haberlo visto. Tenías que haber entendido…
—Lo vi —la interrumpió Celia, volviéndose por primera vez para mirarla. Sus ojos, enrojecidos, no expresaban rabia, sino una desilusión tan profunda que era un abismo—. Y lo entendí. Entendí que tenías razón. Esto no es un juego. —Se pasó una mano por la espalda, como si intentara borrar la sensación de exposición—. Pero tú… tú me empujaste. Tus manos…
Magi no pudo soportar su mirada. Bajó la cabeza. —Era una orden.
—¡Eres mi hermana! —estalló Celia, y por un segundo, el fuego regresó a su voz, un fuego de rabia y traición—. Se supone que debes protegerme, no… no ayudarles.
El reproche era justo, merecido, y por eso mismo, era un cuchillo girando en la herida. Magi no tenía defensa. Solo la verdad, miserable y fría.
—Aquí no hay hermanas —dijo, levantando la vista, y en sus ojos ya no había rastro de la Magi que Celia conocía—. Solo hay espejos. Y tú acabas de convertirte en uno. Yo solo… ajusté el ángulo.
Celia la miró con incredulidad, como si no reconociera a la persona que tenía frente a ella. Luego, un escalofrío la recorrió, y rompió a llorar de nuevo, pero esta vez sin sonido, con un llanto seco y desgarrador que la sacudía por completo.
Magi no intentó consolarla. Sabía que cualquier consuelo sería otra mentira. En su lugar, hizo lo que Elara le había ordenado: la "cuidó". Le alcanzó una toalla, le pasó su ropa de calle, esperó en silencio a que se vistiera. Cada gesto, cada minuto de ese silencio compartido, era un recordatorio de lo que había perdido: la confianza de su hermana, la última pieza de su humanidad.
Cuando salieron del estudio, la noche las envolvió. Caminaron juntas hacia el apartamento de Magi, pero la distancia entre ellas era abismal. Celia iba cabizbaja, encogida. Magi caminaba recta, con la mirada fija al frente, cargando con el peso de una culpa que, supo entonces, sería su compañera perpetua. El "cuidado" de Elara no era una cura. Era la garantía de que Magi nunca podría olvidar, ni perdonarse, lo que le había hecho a su propia hermana. La cicatriz, si es que llegaba a formarse, siempre llevaría la huella de sus propias manos.
¿Qué pasa el próximo día?
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Bajo la Superficie
Crónica de una Humillación
Magi es una joven solitaria y reservada que prefiere la compañía de los libros a la de las personas. Con su cabello negro indomable, pecas tenues y ropa holgada, proyecta una imagen de practicidad y comodidad. Sus grandes ojos verdes, aunque curiosos, evitan el contacto visual, revelando su naturaleza introvertida. A pesar de su apariencia serena, una profunda inquietud la acecha, anticipando un inminente e inevitable cambio que amenaza con romper el frágil equilibrio de su vida tranquila.
Updated on Jun 12, 2026
by bla12
Created on Aug 28, 2025
by bla12
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