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Chapter 36 by bla12 bla12

¿Qué pasa cuando vuelve May?

Las encuentra desnudas

La puerta metálica del sótano se abrió sin previo aviso. May estaba ahí, inmóvil, absorbiendo la escena con la frialdad de un supervisor evaluando una línea de producción. Sus ojos barrieron el tanque impecable, las herramientas alineadas, y finalmente se clavaron en las tres mujeres desnudas, cuyos cuerpos brillaban con agua residual y restos de algas bajo la luz cruda del subterráneo.

Magi alzó la vista. No hubo sobresalto, solo un cansancio infinito. Sostuvo la mirada de May, desafiante en su desnudez, sabiendo que cualquier intento de cubrirse sería inútil y, lo peor, patético.

May esbozó una sonrisa estrecha, casi profesional. —Eficiencia pura —comentó, su voz resonando en el espacio de concreto—. La productividad nace de eliminar obstáculos. Y parece que han eliminado el último.

Caminó hacia el montón de ropa húmeda en el suelo: los uniformes diminutos y los bikinis, amontonados como la piel mudada de una serpiente. Con la punta del zapato, apartó los bikinis, separándolos del resto.

—Pero la ciudad no está preparada para tanta… eficiencia —dijo, y por primera vez hubo un matiz de ironía cruel en su tono—. Las normas sociales son otro obstáculo, pero uno que, por ahora, debemos sortear.

Señaló los bikinis con un gesto despectivo. —Pónganse eso. Y sus bolsos.

La orden era un alivio y una nueva humillación. Volver a enfundarse esos trozos de tela mojada y sucia, después de haber conocido la libertad brutal de la desnudez, era un paso atrás bochornoso. Pero lo hicieron. Movimientos lentos, torpes. La tela fría y húmeda se pegó a sus pieles limpias de sudor, marcándolas de nuevo.

May observó, impasible, mientras se abrochaban los triángulos de tela que ahora les parecían más vulnerables que la desnudez total. Luego, señaló las taquillas. —Sus bolsos. Vacíenlos aquí.

Magi abrió la suya. Sacó su bolso de día. Lo volcó sobre el banco de trabajo manchado de grasa y aceite. Su cartera, sus llaves, su teléfono, un paquete de pañuelos, una barra de labios. Lo mismo hicieron Cloe y Lara.

May se acercó. No tocó nada con las manos. Usó un destornillador que había sobre el banco para hurgar en los montones. Abrió cada cartera como si examinara evidencia contaminada. Sacó todas las billeteras, los abrió y extrajo todo el dinero en efectivo, billetes y monedas, que guardó en el bolsillo de su bata. Luego, con el mismo destornillador, empujó las carteras ahora vacías y todos los demás objetos (llaves, pañuelos, maquillaje) de vuelta hacia cada una.

—Pueden quedarse con eso —dijo—. Lo demás sobra para el viaje a casa.

Les devolvió los bolsos, ahora absurdamente ligeros sin el peso de sus billeteras. Los teléfonos permanecieron en la taquilla, apagados y aislados.

—El paseo les hará bien —repitió, como un mantra perverso—. Les ayudará a sentir la ciudad de verdad. Sin filtros. Sin distracciones. Nos vemos mañana.

¿Cómo hace Magi para volver a su casa?

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