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Erick, un padre amoroso
Todos los días eran iguales para Erick Salazar, un padre latino que vivía en los Estados Unidos, después de todo, casi nunca se le permitía salir de casa, ni siquiera para reunirse con su congregación cristiana, que era mal vista por la sociedad actual.
Aún así, se podría decir que le gustaba su forma de vida, salvo ciertas excepciones.
Era un hombre de 40 años, pero a pesar de su edad seguía manteniéndose joven, la verdad es que se cuidaba solo para complacer a su esposa, quien últimamente había dejado de mirarlo y tocarlo sexualmente.
Y es que su cuerpo en realidad, no cumplía con todos los estándares de belleza masculina actual, mientras que la mayoría de los jóvenes tenían cuerpos voluptuosos y un trasero que hasta él envidiaba, lo cierto es que su apariencia rayaba en esa masculinidad antigua.
Sus hombros eran un poco anchos, y su trasero, a pesar de tener un buen tamaño, no era lo suficientemente grande como para llamar la atención de su esposa, quizás lo único que lo salvó fue su rostro, que era muy andrógino. Su nariz era refinada, sus labios carnosos y sus ojos eran de un atractivo color verde, y su piel estaba adornada con hermosas pecas.
Por otro lado, su cabello era rubio, pero no natural, lo cual era evidente por el color negro de las raíces.
Estaba limpiando los platos en la cocina de su lujosa casa, pagados con el sueldo de su cónyuge, cuando alguien entró captando su atención.
"Padre." llamó una voz femenina. Era su hija, su única descendencia.
"Dime, cariño." respondió suavemente mientras dejaba los platos a un lado.
La chica era más alta que su padre, con un cuerpo atlético, tenía el pelo rojo y como él, pecas en el rostro.
"Voy a salir con unos amigos..." Habló mientras se apoyaba contra una pared. "Algunos chicos también irán".
"¿Estás pidiendo un permiso?"
"Mierda, no. ¡Te estoy pidiendo dinero!", Exigió la niña.
Esto desanimó al hombre, no era la primera vez que en su propia casa lo trataban de esa manera.
"Sabes bien que yo no trabajo, Audrey, además, ¿qué pasó con la mesada que te dio tu madre?"
"Ya la terminé, sino, no te estuviera pidiendo nada", respondió ella de inmediato. “Sé que eres tesorero de esa congregación de cristianos, quizás puedas darme ese dinero que tanto guardas”.
“Ese dinero no es mío, además, lo usamos para ayudar a los pobres y cubrir los gastos de las pocas reuniones que tenemos al mes”.
"Aun así, la cristiandad está castigada por la ley femenina, ¿no lo sabías?", Cuestionó Audrey con malicia y mirada desafiante.
Erick la miró con seriedad, se quitó los guantes con los que estaba lavando los platos y los dejó a un lado. Se acercó a ella, había mucha diferencia en su altura, sin embargo, aplicando su autoridad como su padre, le lanzó una fuerte bofetada a la mejilla de su hija.
Esto tomó por sorpresa a Audrey, quien desde pequeña, no ha sido aprendida por su padre.
"¿¡Qué diablos !?", gritó, pero pronto fue tomada por la oreja.
"¡Escúchame!", Gritó Erick. "Es la última vez que me faltas el respeto, nunca más me vuelvas a amenazar así".
La soltó. "Esta casa está llena de soberbia, tu madre me ignora todo el tiempo y ahora estás tratando de chantajearme. ¿Quién crees que soy?"
Ahora sus lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.
"Quítate esa estúpida ropa de punk y prepárate para comer, la cena casi está lista". Dijo mientras regresaba a sus actividades.
Audrey aún tenía la mano en la mejilla y estaba frunciendo el ceño, estaba enojada porque la habían golpeado, pero también estaba confundida por las acciones de su padre, algo le estaba afectando; solo ella conocía la cruda y dolorosa verdadera.
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