More fun
Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)

Chapter 44 by bla12 bla12

¿Cómo va la cita?

Conoce a los socios de Adrián

La cena en 'Le Ciel' fue una coreografía de poder y posesión. Bajo la luz dorada del restaurante, Adrián no solo cenaba; ejecutaba una jugada. Justo cuando el postre llegaba a la mesa, se acercaron dos hombres. Roberto, de mediana edad y sonrisa oleosa, y Emilio, más joven, con la mirada gélida de un halcón.

—Adrián, justo te necesitamos —dijo Roberto, sin preámbulos, su tono afable, pero con una urgencia subyacente—. Tenemos un... imprevisto con el envío de la próxima semana. Se requiere tu opinión. Ahora.

Adrián no pareció sorprendido. Asintió con gravedad.

—Por supuesto. —Su mano encontró el brazo de Magi, un gesto firme que no admitía discusión—. Magda se quedará con nosotros. Su discreción está garantizada.

No era una pregunta. Magi fue levantada de su silla casi por la fuerza de ese contacto, el vestido rojo crujiendo suavemente. La guiaron no hacia la salida, sino a un ascensor privado que ella no había notado, escondido tras un panel de madera. El ascensor descendió a un nivel inferior, a lo que parecía ser una bodega privada reconvertida en una sala de juntas discreta y lujosa, con paneles de madera oscura y una mesa de caoba.

El cambio de escenario fue brutal. De la frivolidad del restaurante a la fría seriedad del negocio sucio. Magi fue colocada en una silla en un rincón, cerca de Adrián, como un jarrón valioso o un cuadro caro. Su papel estaba claro: ser un adorno, un símbolo de la confianza de Adrián, y un testigo mudo.

La reunión comenzó. Roberto hablaba de un "problema de documentación en la aduana de Rotterdam", de un "funcionario que pide más de lo acordado". Emilio aportaba datos secos: porcentajes, fechas, nombres de barcos. Adrián escuchaba, inmóvil, sus dedos tamborileando sobre la mesa.

—No podemos desviar el cargamento —dijo Adrián por fin, su voz cortante—. El comprador en Zurich no acepta retrasos. Arréglenlo. Usen el fondo de contingencia. Sobornen a quien haga falta. Pero esa mercancía sale el viernes.

Magi, sentada en su rincón, con el vestido escarlata sintiéndose cada vez más estridente y fuera de lugar, absorbía cada palabra. Rotterdam, Zurich, fondo de contingencia, viernes. Era oro puro para Costa. Pero estaba atrapada, sin podibilidades de tomar notas, de grabar, de hacer cualquier cosa que no fuera sonreír débilmente cuando la mirada de Roberto se posaba en ella, como si buscara aprobación.

—Tu... compañía es muy tranquila, Adrián —comentó Roberto en un momento de pausa, su mirada recorriendo el cuerpo de Magi con despreocupación—. Una virtud rara.

—Las virtudes raras son las más valiosas, Roberto —respondió Adrián, sin mirarla, pero su mano se extendió y posó sobre la pierna desnuda de Magi, justo por encima de la rodilla. La posesión era física, tangible. Sus dedos, cálidos y firmes, se cerraron ligeramente, no con lujuria, sino con control. Era un recordatorio mudo de su lugar: callada, inmóvil, y suya.

Magi contuvo la respiración. El contacto le quemaba a través de la seda del vestido. Cada palabra sobre sobornos y contenedores se mezclaba con la sensación de esa mano en su pierna. Era una tortura de doble filo: la humillación de ser un objeto y la presión de recordar cada detalle para su informe.

La reunión no daba señales de terminar. Surgieron nuevos problemas, nuevos nombres. Emilio mencionó a alguien llamado "El Holandés" y un "puerto secundario en Bélgica" como plan B. Adrián sopesaba las opciones, frío y calculador.

De repente, el teléfono de Adrián vibró. Él lo miró y una sombra cruzó su rostro.

—Disculpen un momento —dijo, levantándose y saliendo de la sala, dejando a Magi sola con los dos socios.

El silencio fue instantáneo y opresivo. Roberto y Emilio la miraron entonces sin la filtro de la presencia de Adrián. Sus sonrisas desaparecieron.

—Así que tú eres la nueva distracción —dijo Roberto, su tono ahora plano y analítico—. Espero que seas tan discreta como parece. A Adrián le gustan los juguetes, pero se aburre rápido. Y los juguetes rotos... se desechan.

Emilio no dijo nada, pero su mirada era suficiente. Era la mirada de quien sabe cómo se limpian los desechos.

Magi, bajo el peso de esas miradas y con el fantasma del tacto de Adrián en su pierna, supo que la reunión estaba lejos de terminar. Y que ella, atrapada en su rincón de seda roja, era mucho más que una espía en ese momento. Era un peón en una partida mucho más grande y peligrosa, y su valor dependía de su capacidad para seguir interpretando el papel de la muñeca de lujo, perfecta, silenciosa y, sobre todo, desechable. La noche no había terminado. Solo había entrado en su fase más crítica.

¿Cómo sigue la reunión?

More fun
Want to support CHYOA?
Disable your Ad Blocker! Thanks :)