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Chapter 53 by bla12 bla12

¿Cómo es la vuelta?

Con felicitaciones

El viaje de regreso desde el puerto fue un torbellino de silencio y ansiedad. Magi tenía el pequeño sobre para Adrián apretado en la mano, como un pedazo de carbón caliente. Las palabras del hombre del almacén aún resonaban en sus oídos: "Demasiado fina para este tipo de recados." Eran eco de la misma mentalidad que la había desnudado en el juego de póker, solo que envuelta en el desprecio de la clase obrera hacia un lujo que no podía poseer.

Al llegar a Torres del Este, el ascensor pareció ascender hacia el cielo de un verdugo. Cada número que se iluminaba la acercaba al momento de la verdad. ¿Habría notado Adrián la alteración del sello? ¿El hombre del almacén le habría informado de su reacción?

Las puertas se abrieron directamente en el ático. Adrián estaba de pie en el salón, junto a las ventanas panorámicas, con un teléfono en la mano. Al verla, colgó inmediatamente. Su expresión no era de sospecha, sino de una satisfacción abierta, casi cálida. Una sonrisa genuina, que no llegaba a sus ojos de hielo, pero que era más aterradora que cualquier fruncimiento de ceño.

—Magda —la saludó, extendiendo la mano—. Regresa la paloma mensajera.

Ella se acercó, sintiendo cómo la ajustada falda le recordaba cada paso. Le entregó el sobre pequeño. Sus dedos, sorprendentemente, no temblaron.

Él lo tomó, lo pesó en su mano sin abrirlo, y la miró a ella.

—Bien —dijo, y la palabra sonó a sentencia—. Sabía que no me fallarías. El contacto ya me informó. Todo fue limpio. Eficiente.

Un alivio inmenso, tan intenso que casi la hizo tambalear, la inundó. Él no sabía. O no le importaba. Había pasado la prueba.

—No… no fue nada —logró decir, la voz levemente ronca.

—Eso no es cierto —replicó él, guardándose el sobre en el bolsillo interior de la chaqueta—. Fue todo. La primera vez siempre es la más difícil. Rompes un umbral. —Se acercó más, y su mirada se volvió evaluadora, pero esta vez con un dejo de… ¿aprobación? —. Y para celebrarlo, he pensado en un premio.

Magi contuvo el aliento. ¿Dinero? ¿Joyas? Eso al menos sería transparente.

—Valeria no para de insistir —continuó él—. Así que este fin de semana, día de campo. Los tres. En la finca de la familia. Aire puro, buena comida… normalidad. —Hizo una pausa, y su sonrisa se amplió un milímetro—. Te has ganado un descanso, Magda. Y a mí me conviene que mi hermana siga creyendo que eres la chica agradable que la hace reír.

La invitación cayó sobre Magi como un manto de plomo. No era un premio. Era otra capa de la farsa, otra misión. Un "día de normalidad" en el que tendría que interpretar el papel más difícil: el de la novia casual y encantadora, mientras por dentro se descomponía por la culpa de haber traicionado a Costa y por el miedo a este hombre que le sonreía.

—Suena… agradable — sabiendo que no tenía opción para rechazarlo.

—Lo será —afirmó él, seguro—. Será bueno para ti. Un recordatorio de que la vida no es solo negocios y… juegos de mesa. —El doble sentido flotó en el aire, envenenando la supuesta bondad del gesto.

Él le pasó una mano por el pelo, un gesto que pretendía ser cariñoso pero que se sintió como la marca de un dueño sobre su mascota.

—Descansa. El sábado pasaremos por ti. —Su tono dejó claro que la audiencia había terminado.

Magi salió del ático, el cuerpo entumecido. Bajó en el ascensor y salió a la calle, sintiendo la luz del sol como una burla. No se sentía una agente que había conseguido un triunfo. Se sentía una cómplice que acababa de ser recompensada por su crimen. Y el "premio" era una inmersión más profunda en la mentira, un día de campo con la hermana que representaba todo lo que ella había perdido y todo lo que Adrián podía destruir. Había entregado el paquete, pero había vendido otro pedazo de su alma. Y lo peor era que, al mirar la sonrisa de Adrián, una parte minúscula y aterrada de ella se había sentido… reconocida.

¿Qué pasa en el día de campo?

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