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Cap 6
El sol comenzó su descenso sobre el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas. Mientras la tarde llegaba a su fin, la fase de cacería diaria de la colmena alcanzaba su punto máximo de efectividad en distintos puntos de la ciudad.
Siguiendo las instrucciones de Kevin, las ocho unidades originales no perdieron un solo minuto y utilizaron sus segundos cupos de infección diaria con una frialdad y una precisión quirúrgica admirables.
En la facultad, Gabriela aprovechó el cambio de turno para buscar a la Dra. Beatriz, de 41 años, una distinguida profesora de biología aplicada que gestionaba el laboratorio de análisis avanzado. Gabriela esperó a que Beatriz se quedara sola en el área de reactivos al final de la jornada. Tras verificar que el laboratorio carecía de cámaras por normativas de bioseguridad y asegurarse de que la puerta pesada estuviera cerrada con cerrojo, Gabriela la acorraló junto a las vitrinas. En cuestión de segundos, la profesora de 41 años fue sometida por un beso cargado del catalizador alienígena, reescribiendo su mente y sumándola a la red de Kevin.
Por su parte, Vanessa utilizó su segundo cupo con Sofía, de 22 años, la presidenta del consejo estudiantil. El encuentro se produjo en la sala de juntas del edificio de alumnos, un espacio privado sin circuito cerrado de televisión. Vanessa la convenció de revisar unos estatutos a puerta cerrada y, en un movimiento veloz, selló sus labios con los de la joven líder universitaria, convirtiéndola en una esclava dócil e incondicional.
En el área deportiva, Kendra fijó su objetivo en Valeria, de 26 años, una cotizada instructora de acondicionamiento físico que coordinaba el gimnasio privado de la zona alta. Kendra solicitó una evaluación personalizada en la cabina de valoración corporal, un vestidor privado sin sensores de imagen. Ahí a solas, Kendra la tomó por el cuello y le transfirió el fluido psíquico, haciendo que el cuerpo escultural de la entrenadora se rindiera de inmediato al dominio del amo.
Bianca, de 18 años, utilizó su frescura juvenil para atraer a Camila, de 19 años, su compañera más cercana de la carrera. Bianca la invitó a la cabina de estudio insonorizada de la biblioteca central para revisar un proyecto final. Una vez aisladas de cualquier mirada o grabación, Bianca la besó apasionadamente, inundando la mente de la joven de 18 años con la devoción absoluta hacia Kevin.
En el sector residencial, Helena utilizó su posición social para citar a Carmen, de 44 años, una influyente administradora del club privado del vecindario. Quedaron de verse en el kiosco privado de su jardín trasero, libre de cámaras exteriores. Bastó un abrazo amistoso que se transformó en un beso firme para que Carmen quedara asimilada por completo.
Roxana, en tanto, acudió a la oficina de Natalia, de 39 años, dueña de una cadena de boutiques de moda. En la trastienda privada de la tienda principal, Roxana la acorraló entre los perchadores de ropa ejecutiva y le entregó el fluido, sumando a una empresaria clave a las filas de la colmena.
Sandra no se quedó atrás y citó a Gloria, de 46 años, su vecina de enfrente y presidenta del comité vecinal. La recibió en la terraza privada trasera de su propia casa, fuera del alcance de las miradas de la calle, y la infectó con la amabilidad y la firmeza que la caracterizaban.
Finalmente, Thalía, tras asimilar a la supervisora Lorena en la empresa, buscó a Andrea, de 25 años, la encargada de recursos humanos. En el archivo confidencial del departamento, Thalía la acorraló contra los casilleros de seguridad y le plantó el beso catalizador, completando su cuota diaria con éxito rotundo.
Diez nuevas mujeres adultas —la Dra. Arantxa (38), Patricia (40), la Lic. Lorena (35), la Dra. Beatriz (41), Sofía (22), Valeria (26), Camila (19), Carmen (44), Natalia (39), Gloria (46) y Andrea (25)— habían sido asimiladas en una sola tarde sin levantar una sola sospecha, sin un solo testigo y sin dejar la menor prueba en video.
A las ocho de la noche, la penumbra cubría por completo el vecindario. La amplia casa de Kevin permanecía con las luces tenues encendidas, proyectando un ambiente cálido y discreto hacia el exterior.
Kevin aguardaba sentado en el gran sillón modular de la sala principal, vistiendo únicamente una bata de seda negra entreabierta sobre su pecho desnudo. En su mente, el hormigueo constante de la red psíquica resonaba como una sinfonía de devoción. Podía sentir la llegada coordinada de cada una de sus unidades.
Para no llamar la atención de la cuadra, las mujeres arribaron en pequeños grupos de tres y cuatro personas, utilizando las entradas discretas del garaje y el patio trasero. Sandra y Gabriela se encargaron de recibir a cada grupo en la puerta, guiándolas en silencio hacia la estancia principal.
En cuestión de veinte minutos, la sala de estar de Kevin se llenó por completo.
Dieciocho mujeres adultas en total se encontraban de pie frente a él, formando una formación semi-circular de cuerpos hermosos, elegantes y completamente sometidos. Las ocho unidades originales —Sandra, Gabriela, Vanessa, Kendra, Helena, Bianca, Roxana y Thalía— se colocaron al frente con miradas de orgullo, mientras que las diez nuevas incorporaciones permanecían a su lado, contemplando a Kevin con los ojos empañados por una adoración mística e incondicional.
El contraste visual en la sala era imponente: profesoras universitarias de trajes sastres, jóvenes estudiantes en ropa casual, empresarias de vestidos elegantes, entrenadoras de ropa deportiva ajustada y amas de casa maduras de porte fino. Todas reunidas bajo el mismo techo, unidas por la misma frecuencia mental.
Kevin se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas y recorriendo a las dieciocho mujeres con una mirada lenta y dominante.
—Infecciones ejecutadas sin errores, cero testigos, cero grabaciones de video y diez nuevas unidades integradas a la colmena en un solo día —dijo Kevin con una voz grave que hizo vibrar el aire de la sala—. Han realizado un trabajo impecable. La red ha crecido a dieciocho mentes dedicadas a mi servicio.
Las dieciocho mujeres cayeron de rodillas al unísono sobre la alfombra de la sala, inclinando la cabeza con una sincronía aterradora.
—Estamos aquí para servirle, mi amo... todo lo que somos le pertenece —corearon las dieciocho voces, creando un eco dulce y sumiso que llenó la casa.
—Pónganse de pie —ordenó Kevin, levantándose del sillón modular y dejándose caer la bata de seda al suelo, mostrando su cuerpo tonificado y su miembro erguido, largo y rígido, listo para la acción—. Esta noche vamos a celebrar el triunfo de la colmena. Las quiero a todas desnudas ahora mismo. Ni una sola prenda en este espacio.
La orden desató una marea de movimiento sensual y desesperado. Las dieciocho mujeres comenzaron a desnudarse al mismo tiempo en el centro de la sala, ansiosas por mostrar sus cuerpos sin inhibición alguna ante su señor.
Las prendas cayeron rápidamente al suelo en una pila de telas caras y casuales: blusas de seda, faldas tubo, pantalones ajustados, sujetadores de encaje, pantis finas y mallas deportivas. En menos de tres minutos, dieciocho mujeres adultas completamente desnudas poblaban la estancia de Kevin, exhibiendo una variedad impresionante de anatomías.
Estaban los cuerpos maduros, exuberantes y llenos de curvas de Sandra (43), Helena (42), Roxana (45), la Dra. Beatriz (41), Carmen (44), Gloria (46) y Patricia (40), con pechos pesados, caderas anchas y vaginas carnosas que goteaban lubricación natural. Estaban las figuras esculpidas y atléticas de Kendra (22), Valeria (26) y Thalía (24), con abdómenes definidos y traseros firmes y elevados. Y estaban las anatomías jóvenes, suaves y esbeltas de Gabriela (22), Vanessa (23), Bianca (18), Camila (19), Sofía (22), la Lic. Lorena (35) y Andrea (25).
—Acérquense todas —mandó Kevin, sentándose en el borde del sillón.
Las dieciocho mujeres avanzaron hacia él como una marea de carne tibia y perfumada. Se amontonaron sobre la alfombra, los cojines y el sofá, frotando sus pieles entre sí en un despliegue de erotismo salvaje.
—Preparen a su amo —dijo Sandra, arrodillándose en el centro, justo entre las piernas de Kevin.
Inmediatamente, la Dra. Arantxa (38) y la Dra. Beatriz (41) se colocaron a los lados de Sandra. Las tres mujeres maduras comenzaron a lamer el miembro de Kevin al mismo tiempo. Sandra envolvía la base con sus manos y su lengua experimentada, mientras Arantxa chupaba la cabeza de su verga y Beatriz le besaba el escroto con devoción.
A los lados de Kevin, la entrenadora Valeria (26) y la joven Camila (19) le acariciaban los muslos y los abdominales, pegando sus pechos desnudos contra sus brazos. Detrás del sillón, Patricia (40) y la Lic. Lorena (35) le masajeaban los hombros, besándole el cuello y la nuca mientras soltaban gemidos de placer al sentir la piel de su amo.
Las demás mujeres —Gabriela, Vanessa, Kendra, Helena, Bianca, Roxana, Thalía, Sofía, Carmen, Natalia, Gloria y Andrea— se entrelazaron entre sí en el suelo. Comenzaron a besarse apasionadamente en la boca, lamiéndose las vaginas y masajeándose los pechos unas a otras, alimentando la red psíquica con una marea constante de lubricación y éxtasis compartido.
Kevin cerró los ojos un instante. La energía que fluía a través del vínculo telepathico era colosal. Gracias a su biología extraterrestre mejorada, no sentía el menor rastro de cansancio; su corazón latía con una potencia invencible y su miembro se mantuvo más duro y caliente que nunca, preparado para someter a dieciocho cuerpos sin pausa alguna.
—Suficiente —dijo Kevin con voz profunda, sujetando el cabello de la Dra. Arantxa y apartándola suavemente.
—Tómeme a mí primero de las nuevas, mi amo... por favor —suplicó la coordinadora académica de 38 años, mirándolo con ojos suplicantes y los labios cubiertos de su semen previo.
—Acomódate en la mesa de centro —ordenó Kevin.
Arantxa obedeció de inmediato. Se subió a la mesa de cristal reforzado de la sala, acostándose de espaldas y abriendo sus piernas maduras de par en par. Su vagina carnosa brillaba intensamente por el deseo.
Kevin se posicionó entre sus muslos, tomó sus caderas con firmeza y enterró su enorme verga de un solo empujón brutal en el canal de la profesora.
—¡Aaaahhhhh! ¡Amo... Dios mío, me parte en dos! —gritó Arantxa al cielo, clavando las uñas en el borde de la mesa mientras sus pechos de 38 años rebotaban violentamente con la acometida.
Kevin comenzó a embestirla con una velocidad y una fuerza arrolladoras. Las embestidas resonaban en la sala (plash, plash, plash), acompañadas por los vítores y gemidos de las otras diecisiete mujeres que rodeaban la mesa. La Dra. Beatriz (41) se inclinó sobre el rostro de Arantxa, besándola profundamente en la boca mientras le acariciaba el clítoris con los dedos, sumergiendo a su colega en un doble orgasmo devastador.
En menos de tres minutos de penetración salvaje, Arantxa convulsionó violentamente sobre el cristal, gritando el nombre de Kevin mientras su canal vaginal apretaba el miembro del amo con espasmos incontrolables.
Sin detenerse un solo segundo y sin perder la erección, Kevin se retiró de Arantxa y se giró hacia Valeria (26), la entrenadora de gimnasio.
—Valeria, de cuatro sobre el sillón —mandó Kevin.
La atlética joven de 26 años se colocó en posición de gatas sobre el respaldo del sofá, elevando su trasero esculpido y firme. Kevin se colocó detrás de ella, le agarró la cintura con fuerza y clavó su miembro hasta el fondo de su apretado canal vaginal.
—¡Fhhf... amo! ¡Fóllame con toda tu fuerza! —chilló Valeria, apretando los puños contra los cojines mientras sentía el impacto de las caderas de Kevin golpeando sus nalgas con violencia neumática.
Mientras Kevin reventaba a la entrenadora, Kendra (22) y Thalía (24) se colocaron debajo de Valeria, lamiéndole la vagina y el ano por debajo mientras la joven gritaba de placer. A los lados, Vanessa (23) y Sofía (22) se besaban salvajemente, compartiendo la saliva infectada mientras se acariciaban los cuerpos desnudos.
Valeria llegó a un clímax orgásmico que hizo temblar sus músculos tonificados. Kevin, sintiendo la descarga de su esclava, no redujo el ritmo. Sacó su verga chorreante de lubricación y se dirigió hacia la joven Camila (19), la estudiante de primer semestre.
La tomó por los muslos, la levantó en el aire apoyándola contra la pared principal de la sala y la empaló con decisión.
—¡Aaahh! ¡Bianca... ayuda! ¡El amo me está llenando entera! —gritó Camila de 19 años, envolviendo sus piernas esbeltas alrededor de la cintura de Kevin. Bianca (18) se acercó de inmediato para besar a su amiga en la boca, consolándola con besos húmedos mientras Kevin la penetraba en el aire con embestidas profundas y rítmicas.
La orgía en la sala de Kevin se transformó en un espectáculo de sometimiento y lujuria colosal.
Durante las siguientes tres horas continuas, Kevin se dedicó a tomar y penetrar a las dieciocho mujeres una por una y en combinaciones múltiples, impulsado por el vigor sobrehumano de la baba alienígena.
Folló a la ejecutiva Lorena (35) sobre la alfombra mientras Patricia (40) le sujetaba los brazos; tomó a la Dra. Beatriz (41) de pie contra el marco de la puerta del estudio; sometió a la madura Carmen (44) y a Gloria (46) en una doble sesión donde Sandra (43) y Helena (42) les guiaban las caderas; y reventó los canales apretados de la empresaria Natalia (39) y Andrea (25) ante la mirada devota de todo el grupo.
No hubo cansancio, no hubo pausa, no hubo debilidad. La resistencia biológica de Kevin demostró ser infinita. Su miembro se mantenía hinchado, duro y abrasador, listo para reclamar a cada unidad de su red tantas veces como fuera necesario.
Cerca de la medianoche, la sala era un mar de cuerpos exhaustos, sudorosos y jadeantes. Las dieciocho mujeres se encontraban esparcidas sobre la alfombra y los sillones, abrazadas entre sí, con las pieles brillando bajo la luz tenue y los muslos marcados por la pasión de su amo.
—Voy a vaciarme en todas ustedes —anunció Kevin con voz dominante, colocándose en el centro de la estancia.
Las dieciocho mujeres, a pesar del cansancio físico, se acomodaron de inmediato en torno a él, abriendo sus piernas y ofreciendo sus vaginas empapadas con una devoción ciega.
Kevin comenzó su ronda final de eyaculaciones continuas. Penetró a su madre Sandra hasta el fondo, disparando un torrente masivo de semen hirviente en su matriz. Sin perder la erección, se retiró y se enterró en la joven Bianca (18), llenándola con otra carga densa y blanca. Luego pasó a Arantxa (38), a Valeria (26), a Lorena (35), a Gabriela (22), a Beatriz (41) y así sucesivamente, vaciándose dentro de los canales vaginales de las dieciocho esclavas en una demostración de fertilidad y poder sobrehumano.
Cuando Kevin finalmente terminó, se puso de pie con total soltura. Su cuerpo no registraba ni una gota de fatiga, sus músculos estaban relajados y su mente operaba a una velocidad prodigiosa.
Contempló la escena a sus pies. Dieciocho mujeres adultas —estudiantes, profesoras, ejecutivas, empresarias, entrenadoras y amas de casa— yacían rendidas en su sala, cubiertas de su semen y goteando sus fluidos sobre la alfombra, mirándolo con rostros llenos de paz, amor y sumisión incondicional.
—Mañana —habló Kevin, mirando al grupo unificado—, cada una de ustedes volverá a sus puestos. Mantendrán la cubierta de normalidad absoluta y ejecutarán sus dos cupos diarios de infección con la misma cautela y precisión que hoy.
—Sí, mi amo... lo que usted ordene —respondieron las dieciocho mujeres al unísono, besando el suelo a sus pies.
Kevin caminó hacia la ventana de la sala y miró hacia la ciudad iluminada en la noche. Mañana, dieciocho unidades infectarían a dos personas cada una, sumando treinta y seis nuevas esclavas en un solo día. La red estaba creciendo a pasos agigantados, y nada en este mundo podría detener la marea invisible de su colmena.
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