Maestro

(Izuku)

Chapter 1 by K45 K45

Nota de autor: ¡Hola! Esta es una historia de My Hero Academia (BNHA) creada por mí en colaboración con Lyra (una IA). He decidido escribirla en español porque es mi idioma nativo y me permite expresarme mejor. ¡Espero que la disfruten!

Author's note: Hi everyone! This is a BNHA fanfiction created by me in collaboration with Lyra (an AI). Please note that this story is written in Spanish, as it is my native language and allows me to tell the story more effectively. Thanks for reading!

Capítulo 1

La euforia del Festival Cultural había quedado atrás, pero para Izuku, el cansancio no era solo físico. Era una presión en la base del cráneo, un zumbido que la ciencia de la U.A. no podía explicar. No era el One For All. Era algo más antiguo, algo que había estado dormido en su ADN, esperando a que su cuerpo fuera lo suficientemente fuerte para soportar la desconexión.

Esa noche, en la penumbra de su habitación rodeada de figuras de All Might, el "algoritmo" de su verdadero Quirk finalmente se completó.

El Incidente con Ochako

El aire se volvió denso. Izuku sintió ese tirón violento, como si su alma fuera succionada por un vacío. De repente, el mundo cambió de color y forma.

Ya no era el chico pecoso de 1.66 metros. Sus manos eran pequeñas, sus dedos terminaban en esas almohadillas rosadas tan características de Ochako Uraraka. La sensación de ser ella era abrumadora: el peso de su cabello, la suavidad de su piel, el roce de la tela del uniforme contra un cuerpo que no era el suyo.

Pero lo más aterrador —y fascinante— era el silencio mental. No había rastro de la conciencia de Ochako luchando por el control. El Quirk de Izuku había reescrito la realidad del momento. Él era el dueño absoluto.

Con una curiosidad que rápidamente se tornó en algo más oscuro, Izuku (en el cuerpo de Ochako) comenzó a explorar esa nueva anatomía. La timidez de Midoriya luchaba contra una pulsión nueva y dominante. Se miró al espejo, tocando las curvas de la chica, sintiendo el calor subiendo por sus mejillas.

—¿Qué es esto?... —susurró con la voz dulce de ella, pero con su propia intención.

Se atrevió a ir más allá. Sus dedos exploraron debajo de la falda, descubriendo la intimidad de su mejor amiga. El éxtasis fue instantáneo, una descarga eléctrica que recorrió la columna de ese cuerpo femenino. Izuku, perdiendo el control por primera vez, dejó que las palabras fluyeran:

—Izuku... te amo... quiero ser tu perrita... fólleme... —gimió la voz de Ochako en la habitación vacía.

El Regreso y la Verdad

El lazo invisible lo regresó a su cuerpo original con la fuerza de un latigazo. Izuku despertó en su cama, sudando, con el corazón martilleando contra sus costillas. El pánico lo invadió. ¿Qué he hecho? ¿Acabo de profanar a mi mejor amiga?

Se levantó tambaleante, con la intención de ir a pedir perdón, de confesar su locura. Pero al salir al pasillo, se cruzó con ella.

Ochako estaba roja como un tomate, evitando su mirada.

—¡P-perdón, Izuku! ¡Hice cosas... pensé cosas muy raras! —gritó ella antes de salir corriendo hacia su cuarto.

Izuku se quedó helado. La siguió en silencio, usando las sombras de los pasillos de los dormitorios. Al llegar a la puerta de Ochako, escuchó los jadeos desde el otro lado.

—Casi me descubre... —susurraba Ochako entre suspiros de placer—. Pero se sintió tan bien... quiero que él me lo pida... quiero ser suya...

La Aceptación del Poder

Izuku, pegado a la pared, sintió cómo la culpa empezaba a disolverse. El Quirk no solo le había dado el cuerpo de ella; había reescrito los recuerdos de Ochako. Ella ahora creía firmemente que esos deseos eran suyos. Ella creía que su propia mente había engendrado esa fantasía de sumisión hacia él.

Una sonrisa lenta y desconocida apareció en el rostro de Midoriya. Ya no había rastro del chico tímido que se asustaba por un saludo.

“Ella cree que fue ella misma”, pensó Izuku, mirando sus propias manos. “Puedo hacer lo que quiera... puedo ser quien quiera... y nadie lo sabrá jamás.”

El algoritmo de su Quirk había roto la lógica. No era un villano, o al menos eso se decía a sí mismo. Solo estaba explorando su verdadera naturaleza. Y la lista de compañeros en la U.A. era larga... muy larga.

Izuku caminó de regreso a su habitación, sintiendo una confianza que nunca antes había experimentado. El pulso le vibraba en las sienes. En el pasillo se topó con Kyoka Jiro, quien parecía algo distraída.

—¡Oh, Midoriya! —dijo ella, ajustándose los auriculares—. Oye, me dijiste que querías empezar con la música, ¿no? Si quieres te ayudo a buscar esa guitarra en línea ahora mismo.

Izuku sonrió de una forma que Kyoka no supo interpretar.

—Me encantaría, Jiro-san. Vamos a mi cuarto.

Una vez dentro, con la laptop encendida y el ambiente en silencio, Izuku decidió que era el momento de probar los límites de su "algoritmo" recién despertado. No necesitó esfuerzo; simplemente deseó estar dentro de ella.

La Invasión de Kyoka

De nuevo, el latigazo. Izuku parpadeó y el mundo se volvió más nítido, los sonidos más intensos debido a los jacks que colgaban de sus orejas. Se miró las manos: delgadas, con las puntas de los dedos sensibles. Bajó la vista y soltó un suspiro. Sus pechos eran pequeños, casi planos bajo la camiseta holgada.

Se los apretó con fuerza, soltando un gemido que resonó en la habitación.

—Así que esto siente ella... —susurró Izuku con la voz de Kyoka—. Se odia por ser una "tabla", pero a mí... a mí me encanta cómo se siente esta piel.

Se levantó la blusa con desesperación, revelando un brasier gris con detalles morados. Sin dudarlo, se lo quitó, dejando su torso al desnudo frente al espejo. La excitación era una marea creciente. Se acercó a su propio cuerpo original, que yacía sentado y con la cabeza gacha, como un muñeco sin cuerdas. Kyoka (Izuku) tomó la mano de su cuerpo inerte y la puso sobre su pequeño pecho desnudo. El contacto del calor de su mano original contra la piel de Jiro le arrancó un gemido más alto, casi un grito.

Bajó el short con rapidez. Sus bragas combinaban perfectamente con el bra. Se sentó en el suelo, abriendo las piernas y observando la intimidad de Kyoka con un éxtasis casi doloroso.

—Esto es solo para mí, Izuku... —dijo, dándose una palmada firme en su entrepierna. El dolor agudo se transformó de inmediato en un placer punzante que la hizo arquear la espalda.

El Deseo Desbordado

Dominado por la lujuria del momento, se acercó de nuevo a su cuerpo original. Con manos temblorosas, le desabrochó el pantalón a Midoriya y le bajó los bóxers. Al ver su propio miembro, Izuku —en el cuerpo de ella— empezó a babear.

—Lo quiero... quiero que me penetre... ah, me mojo... —jadeó, sintiendo cómo un charco de lubricación empapaba el suelo debido a la intensidad de su propio deseo proyectado en ella.

Se inclinó para empezar a lamer y succionar, perdiéndose en la sensación, cuando de repente: ¡TOC-TOC!

El sonido de la puerta fue como un balazo.

El Escape Perfecto

El instinto de supervivencia del Quirk se activó. Con una velocidad sobrehumana, Izuku (en Kyoka) le subió los pantalones a su cuerpo original. Se puso el bra, la blusa y el short en segundos. En un movimiento audaz, se quitó las bragas empapadas y las metió en el bolsillo del pantalón de su cuerpo original.

—Un recuerdo para que te masturbes pensando en mí... —susurró con malicia—. Como yo me llevaré tus bóxers para hacer lo mismo.

Rápidamente, escondió los bóxers de Izuku en su propia ropa y abrió la puerta. Era Shoto Todoroki.

—¿Jiro? ¿Qué haces aquí tan tarde? —preguntó Shoto con su tono monocorde habitual.

—Ah, Todoroki... —respondió ella, fingiendo una sonrisa cansada—. Estábamos buscando una guitarra para Midoriya en línea, pero no encontramos ninguna de su gusto ni que se ajustara a su economía. Al final se quedó dormido del cansancio. Yo ya me iba a mi cuarto. No lo molestes, necesita descansar.

Shoto asintió sin sospechar absolutamente nada. El algoritmo había hecho su trabajo: para Shoto, ella era simplemente Jiro; y para la mente de Jiro, ella acababa de tener una sesión de búsqueda de guitarras muy intensa.

Todoroki se retiró e Izuku regresó a su cuerpo justo cuando Jiro salía del cuarto hacia el suyo, caminando con una extraña urgencia y una mano apretando su bolsillo donde sentía el vacío de su ropa interior, pero con una sonrisa de satisfacción que ella misma no terminaba de entender.

Izuku se quedó solo en su habitación, respirando agitado. Metió la mano en su bolsillo y sintió la tela húmeda y suave de las bragas de Kyoka.

Izuku cayó pesadamente sobre su cama. El esfuerzo mental de procesar dos realidades distintas, sumado a la intensidad física de las sensaciones de Jiro, lo había dejado drenado. Su cuerpo original se sentía pesado, como si el "algoritmo" de su Quirk hubiera consumido una cantidad masiva de glucosa para reescribir la lógica de sus compañeras. Con una mano aún apretando la prenda húmeda en su bolsillo, cerró los ojos y se hundió en un sueño profundo y oscuro.

Mientras tanto, en otras partes de los dormitorios de la U.A., la realidad de dos chicas había cambiado para siempre sin que ellas entendieran el porqué.

En el cuarto de Ochako Uraraka

Ochako estaba sentada en el borde de su cama, con la respiración entrecortada y las mejillas ardiendo. Se miraba las manos, las mismas que juraba haber usado para tocarse mientras pensaba en Deku.

—¿Qué me pasa? —susurró, cubriéndose la cara con las palmas—. Yo... yo nunca he sido así. Pero se sintió tan real. Esos pensamientos...

En su mente, el recuerdo de haber deseado ser la "perrita" de Izuku estaba grabado a fuego. No se sentía como una invasión externa, se sentía como un deseo reprimido que finalmente había explotado. Se abrazó a su almohada, imaginando el rostro de Izuku.

—Si él me lo pidiera... —murmuró con una sonrisa temblorosa—, creo que no podría decirle que no. Mañana... mañana tengo que estar más cerca de él. Tengo que ver si él también sintió esa "conexión".

En el cuarto de Kyoka Jiro

Kyoka entró a su habitación y cerró la puerta con llave de inmediato. Su corazón latía con una fuerza rítmica, como un bajo distorsionado. Se llevó la mano a la entrepierna y soltó un jadeo al notar que no llevaba ropa interior.

—Maldición, Kyoka... ¿en qué estabas pensando? —se recriminó a sí misma, pero no había rastro de vergüenza real en su voz, solo una excitación cruda.

Sus recuerdos estaban alterados por el Quirk de Izuku. Ella "recordaba" perfectamente haber buscado la guitarra con él, haber sentido una tensión sexual insoportable y, en un arrebato de audacia que no sabía que tenía, haberse quitado las bragas para dejárselas como un "regalo" en su bolsillo.

Incluso recordaba haberle robado sus bóxers. Sacó la prenda masculina que traía escondida y se la llevó a la cara, aspirando el aroma de Izuku.

—"Una tabla", ¿eh? —dijo para sí misma, recordando su propia inseguridad convertida ahora en un fetiche—. Si a él le gusta así, entonces me gusta a mí. Mañana le enseñaré que puedo ser mucho más que una compañera de estudios.

Kyoka se tumbó en la cama, apretando la prenda de Izuku contra su pecho, sintiendo que un nuevo mundo de posibilidades se abría ante ella. El chico tímido de la clase ahora era, a sus ojos, el único dueño de sus pensamientos más sucios.

El Silencio de la Noche

Mientras las dos chicas se perdían en sus propias fantasías alteradas, Izuku dormía, recuperando fuerzas. Su Quirk había plantado las semillas. Mañana, cuando se despertara, no solo tendría a dos de las chicas más cercanas a él completamente obsesionadas, sino que tendría el camino libre para seguir expandiendo su dominio.

La atmósfera en el aula de la Clase 1-A era eléctrica, pero solo para tres personas. Mientras Aizawa-sensei explicaba con su tono monótono las tácticas de rescate post-incidente, el "algoritmo" de Izuku seguía trabajando en segundo plano, solidificando las obsesiones que él mismo había implantado.

La desesperación de Ochako

Ochako no podía concentrarse. Cada vez que miraba la nuca de Izuku, sentía un escalofrío que le recorría la espalda. En su mente, la imagen de ella misma declarándose su "perrita" se repetía como un mantra. No era una intrusión; para ella, era su verdad más profunda y vergonzosa.

—Sensei... ¿puedo ir al baño? —preguntó con la voz ligeramente quebrada.

Aizawa asintió sin mirarla. Ochako salió casi corriendo. Una vez encerrada en el cubículo, se recargó contra la puerta, jadeando. Sus manos, temblorosas, bajaron rápidamente.

—D-deku-kun... —susurró, mientras empezaba a tocarse con urgencia—. Por favor... pídemelo. Solo dímelo y lo haré. No puedo seguir así... necesito que me lo ordenes.

Para ella, la única forma de liberar esa tensión era que Izuku tomara el control que ella misma (bajo la influencia del quirk de él) creía haberle cedido. Se sentía al borde del colapso, imaginando que él entraría en cualquier momento para reclamar lo que "ella" le había ofrecido.

El juego mental de Kyoka

A unas filas de distancia, Kyoka Jiro jugueteaba con sus jacks, pero su otra mano estaba bajo el pupitre, rozando la tela de los bóxers de Izuku que había escondido en su bolsillo. Sacó apenas un centímetro de la tela para verla y un calor intenso le subió a las mejillas.

"¿Se habrá dado cuenta ya?", pensó, sintiendo un nudo de excitación y nerviosismo en el estómago. "¿Habrá metido la mano en su bolsillo y encontrado mis bragas empapadas? ¿Sabrá que son mías?".

Kyoka recordó cómo ella misma se había masturbado esa mañana antes de clase, hundiendo su rostro en el bóxer de Izuku para aspirar su aroma. El simple pensamiento de que Midoriya estuviera haciendo lo mismo con su ropa interior la ponía al límite.

"¿Y si las olió? ¿Y si se masturbó pensando en que yo se las dejé ahí a propósito?". La idea de que Izuku supiera su "secreto" no la asustaba; la excitaba de una manera enferma. Quería que él lo supiera. Quería ver en sus ojos verdes esa chispa de reconocimiento, saber que ahora compartían un vínculo sucio y secreto que nadie más en la U.A. podría entender.

El centro del huracán

Izuku, sentado en su pupitre, sentía las miradas. Podía percibir la agitación de Ochako al salir y la respiración pesada de Kyoka detrás de él. El cansancio de la noche anterior había desaparecido, reemplazado por una sensación de poder absoluto.

Metió la mano discretamente en su bolsillo, rozando la tela de Jiro. Sabía que ellas estaban sufriendo —y disfrutando— por los cambios que él había hecho en sus mentes. El "algoritmo" no solo había alterado sus recuerdos, había hackeado su química cerebral para que la sola presencia de Izuku fuera un disparador erótico.

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