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Chapter 3 by K45 K45

What's next?

Capitulo 3

Tras la confrontación en los vestidores y el fin de la jornada, Izuku regresó a su habitación sintiéndose exhausto. El procesamiento de tantas conciencias simultáneas lo había dejado al límite, y apenas tocó la cama, cayó en un sueño profundo. Sin embargo, su Quirk, ahora evolucionado y operando bajo un algoritmo de posesión absoluto, no descansó. En medio de la noche, se activó de nuevo.

La Cima de la Creación: Momo Yaoyorozu

Izuku abrió los ojos y lo primero que sintió fue un peso considerable en su pecho. Al bajar la mirada, se encontró con el busto más imponente que había visto jamás desde una perspectiva de primera persona. Sus manos, ahora finas y elegantes, subieron instintivamente para apretar esa carne suave y firme.

—Ah... Yaoyorozu-san... —gimió Izuku con la voz refinada de Momo, sintiendo cómo el cuerpo de la vicepresidenta de la clase vibraba ante su propio toque.

Dominado por la pulsión de su Quirk, salió del cuarto de Momo y se dirigió al suyo. Notó que la puerta no estaba bien cerrada. Entró, puso el seguro y vio su propio cuerpo original durmiendo plácidamente.

—Al fin... ya podré tener sexo contigo —susurró "Momo", cuya mente ya estaba totalmente hackeada, creyendo que su sofisticación era solo una máscara para ocultar este deseo voraz—. Pero primero me masturbaré, para que tu hermoso pene me penetre fácilmente.

El Sacrificio de la Heredera

Con movimientos decididos, comenzó a desvestirse. Se quitó la falda y la blusa, reveló una lencería de encaje increíblemente sexy y provocativa, que ya estaba empapada, pero que solo la fortuna Yaoyorozu podría costear.

—Me pongo esta ropa interior solo por ti, mi Izuku... para ti, tú eres el único —dijo, arrodillándose ante la cama.

Inició con un beso profundo y sexual al Izuku dormido, pasando su lengua con desesperación. Le desabrochó los pantalones, bajó sus boxers y comenzó a chupar y masturbar el miembro de Midoriya con una técnica que mezclaba elegancia y lujuria, finalizando con una "rusa" apretando el pene entre sus grandes pechos mientras ella misma se masturbaba sin detenerse.

Cuando sintió que su cuerpo estaba en el punto de no retorno, se posicionó sobre él.

—Mi Izuku... me voy a penetrar —jadeó, y con un movimiento firme, se hundió en él.

El acto fue intenso. La mente de Momo, bajo el control de Izuku, gritaba de placer:

—¡Si me dejas preñada, serás el dueño de la fortuna Yaoyorozu! Serás rico y me tendrás a mí... haría lo que fuera, incluso estar desnuda todos los días si tú me lo ordenas. ¡Dime qué más quieres de mí!

La Marca Final

Al llegar al clímax, Momo no se retiró. Se quedó conectada a él, recibiendo todo en su interior con una sonrisa de triunfo. Después de unos minutos, se separó cuidadosamente, dejando ver el rastro de su unión goteando por sus muslos. Con sus manos, abrió su propia intimidad frente al rostro de Izuku.

—Mi Izuku... por fin me preñaste —susurró con devoción.

En un acto de degradación total y dominio, se sentó sobre la cara del cuerpo dormido de Midoriya, soltando unos gases y diciendo: —um... huele y prueba mis fluidos mezclados con los tuyos... Ahora somos uno solo.

Tras este ritual de posesión, se limpió con delicadeza, arregló la ropa de Izuku para que pareciera que nada había pasado y se vistió con su impecable uniforme. Salió del cuarto con la elegancia de siempre, pero con una chispa de locura en los ojos, regresando a su habitación.

En el momento en que Momo cerró su puerta, Izuku salió de su cuerpo y regresó al suyo, despertando en su cama con el aroma de Momo aún impregnado en su piel y el sabor de la victoria en su boca.

Momo Yaoyorozu cerró la puerta de su lujosa habitación individual con el corazón martilleando contra sus costillas, una sensación que su educación refinada y su entrenamiento heroico jamás le habían enseñado a manejar. Se apoyó contra la madera, deslizándose hasta quedar sentada en el suelo, con la respiración entrecortada.

La Crisis de la Heredera

—¿Qué... ¿qué fue lo que acabo de hacer? —susurró, llevándose las manos a la cara, que ardía en un rojo carmesí—. Yo no soy así. Yo soy la vicepresidenta... soy una Yaoyorozu.

Sus recuerdos, moldeados por el implacable algoritmo de Izuku, le devolvían imágenes nítidas de ella misma desnudándose frente a un Midoriya dormido, ofreciéndole no solo su cuerpo, sino su linaje y su fortuna. Recordaba el peso de sus propios pechos aplastando el miembro de Izuku, recordaba el olor y, sobre todo, recordaba la humillación voluntaria de sentarse sobre su rostro.

—¿Por qué me sentí tan... ¿completa? —se preguntó, tocándose el vientre con dedos temblorosos—. Se sintió como si finalmente hubiera encontrado mi verdadero propósito. Como si toda mi inteligencia y mi creación solo sirvieran para ser su herramienta.

La lógica de Momo intentaba luchar contra la infección mental, pero el Quirk de Izuku era superior. No era una posesión externa; para ella, era un deseo que siempre estuvo ahí, oculto bajo capas de decoro y libros de texto.

La Decepción y la Obsesión

Momo se levantó y caminó hacia su baño privado. Se desvistió frente al gran espejo, observando las marcas de la pasión en su piel pálida. Se pasó una mano por la entrepierna, sintiendo el rastro húmedo que aún quedaba de su unión con Izuku.

Sin embargo, al ver el fluido escurrir, una sombra de frustración cruzó su rostro perfecto. Una expresión fría y calculadora, muy similar a la de Reiko Yanagi, reemplazó su confusión inicial.

—Se está saliendo... —dijo con una voz carente de emoción, observando cómo el líquido goteaba en el suelo del baño—. No se quedó dentro.

Momo apretó los dientes, sintiendo una punzada de decepción profunda que le recorría el alma. El algoritmo había reescrito su meta: ya no era ser una heroína, sino ser la madre del heredero de Midoriya.

—No quedé preñada... —murmuró, con los ojos fijos en su propio reflejo—. Qué desperdicio de oportunidad. Fui descuidada. Si quiero que él sea el dueño de todo lo que poseo, si quiero amarrarlo a mí para siempre, necesito que mi cuerpo retenga su semilla.

Se cruzó de brazos, ignorando el frío del baño. Su mente analítica, la misma que usaba para crear objetos complejos, ahora estaba enfocada en una sola estrategia: la frecuencia.

—Esto significa que tendré que hacerlo más —concluyó con una sonrisa sombría y decidida—. Muchas veces más. Mañana, pasado, todas las noches si es necesario. Si él me pide estar desnuda, lo haré, pero solo para que sea más fácil que me penetre en cualquier momento. No me importa el dinero, no me importa la reputación... solo necesito que Izuku me llene hasta que no pueda más.

Momo se metió a la ducha, pero no para limpiarse por vergüenza, sino para preparar su cuerpo para la siguiente vez. Ya no era la chica tímida; ahora era una estratega de la sumisión, dispuesta a usar cada recurso de su imperio para ser la "herramienta" favorita de Midoriya.

La noche en los dormitorios de la U.A. se sumió en un silencio sepulcral para los profesores, pero dentro de cinco habitaciones específicas, la realidad era una tormenta de lujuria y obsesión. Mientras Izuku descansaba profundamente, su cuerpo finalmente recuperándose del estrés de tantas posesiones seguidas y con su Quirk en estado latente, "las semillas" que había plantado germinaban con una fuerza aterradora.

En el cuarto de Ochako Uraraka

Ochako estaba hecha un ovillo entre sus sábanas, mordiendo la almohada para no gritar. Sus manos se movían con una desesperación que nunca había conocido. En su mente, la orden de Izuku era lo único que existía.

—Dime que soy tu perrita... solo dímelo... —gemía, imaginando la mirada de Midoriya sobre ella. Cada espasmo de su cuerpo la hacía sentir más pequeña, más sumisa, más deseosa de que él la reclamara frente a todos.

En el cuarto de Kyoka Jiro

Kyoka no podía soltar los bóxers que le había robado a Izuku. Tenía un auricular puesto, escuchando el latido de su propio corazón acelerado, imaginando que era el ritmo de Izuku penetrándola. Se frotaba contra la tela masculina con una violencia ruda, descuidada.

—No me importa si soy una tabla... úsame como quieras —susurraba, con lágrimas de excitación recorriendo sus mejillas—. Soy tuya, Izuku. Nadie más te va a desear como yo.

En el cuarto de Toru Hagakure

La chica invisible estaba completamente desnuda, moviéndose sobre su cama en posturas que harían sonrojar a cualquiera. No había nadie para verla, pero en su mente, los ojos de Izuku la seguían a todas partes. Se tocaba en los mismos lugares donde "él" (en su cuerpo) la había tocado en la enfermería.

—Andaré desnuda por los pasillos si me lo pides... me comeré lo que me des... —decía al aire, perdiendo el sentido de la dignidad, aceptando su rol como la herramienta invisible y degradada de su amo.

En el cuarto de Reiko Yanagi (Clase B)

Reiko estaba sentada en el suelo, rodeada de sombras. Su masturbación era fría, rítmica, casi mecánica. Sus dedos buscaban el rastro del sabor de Izuku que aún creía sentir en su piel.

—Esas de la Clase A son unas cobardes... —murmuraba con odio—. Yo fui la que le dio de beber mi esencia. Yo soy la que de verdad no tiene miedo. Izuku... pídeme lo que sea. Humíllame. Haz que la Clase B sepa que solo te pertenezco a ti.

En el cuarto de Momo Yaoyorozu

Momo, la más refinada de todas, era ahora la más obsesionada con el resultado. Se tocaba con elegancia pero con una urgencia biológica. Su mente analítica solo pensaba en una cosa: concepción.

—Tengo que hacerlo de nuevo... tiene que quedarse dentro —suspiraba, arqueando la espalda—. No importa el dinero, no importa el honor de mi familia. Solo importa ser la incubadora de tu poder, Izuku. Mañana... mañana te buscaré de nuevo.

Mientras las cinco chicas llegaban al clímax casi al mismo tiempo, pronunciando el nombre de "Izuku" como una oración, Midoriya dormía plácidamente en su habitación. No había rastro de culpa, solo una paz profunda. El "algoritmo" había hecho su trabajo: ya no necesitaba poseerlas para controlarlas; sus propias mentes habían terminado de construir la prisión en la que ahora vivían voluntariamente.

Izuku despertó sintiéndose renovado. La energía que fluía por sus venas ya no era solo el látigo de rayos verdes del One For All; era una corriente fría, precisa y oscura: el algoritmo de su Quirk original. Mientras se vestía, sintió una ambición nueva. Poseer a una era fácil, pero ¿podía su conciencia dividirse? ¿Podía procesar dos existencias femeninas al mismo tiempo sin colapsar?

Aprovechando que los dormitorios estaban en ese caos matutino antes de las clases, Izuku se sentó en su cama, cerró los ojos y lanzó su voluntad como una red. Visualizó a dos objetivos específicos que estaban juntas en la sala común: Tsuyu Asui y Mina Ashido.

Un pulso seco. Oscuridad doble.

El Desdoblamiento: Tsuyu y Mina

De repente, la visión de Izuku se partió a la mitad. Era una sensación esquizofrénica pero embriagadora.

A la izquierda, sentía la piel fría y elástica de Tsuyu, junto con su lengua larga y húmeda.

A la derecha, sentía el calor vibrante, la piel rosada y la textura ácida de Mina.

Izuku (en ambos cuerpos) se miró a sí mismo. Las dos chicas estaban solas en un rincón de la lavandería. Su cuerpo original, en su habitación, cayó desplomado en un sueño profundo, un cascarón vacío.

El Experimento Doble

—Esto es... increíble, kero —dijo la voz de Tsuyu, mientras su mano derecha (manejada por Izuku) empezaba a acariciar el rostro de Mina.

—Se siente tan bien, Izuku... —respondió la voz de Mina, mientras sus manos rosadas apretaban los pechos de Tsuyu.

Izuku estaba teniendo sexo consigo mismo a través de ellas. Bajo su control absoluto, las dos chicas comenzaron a desnudarse con una urgencia animal.

Tsuyu (Izuku) se quitó el uniforme, revelando su cuerpo ágil y sus piernas fuertes. Se subió la falda y se quitó las bragas, que ya estaban empapadas por la influencia del Quirk.

Mina (Izuku) hizo lo mismo, arrancándose la blusa con sus dedos de color rosa, mostrando un bra deportivo que apenas contenía su energía.

—Izuku, somos tus juguetes —dijeron ambas al unísono, con una sincronía perfecta que solo la mente de Midoriya podía coordinar—. Haz con nosotras lo que quieras. Si quieres que nos usemos la una a la otra para tu placer, lo haremos.

La Degradación Sincronizada

Mina (Izuku) se arrodilló frente a Tsuyu (Izuku). Usando su lengua ácida pero controlada, empezó a lamer la intimidad de la chica rana. Tsuyu, por su parte, usó su lengua de dos metros para rodear el cuerpo de Mina, apretándola con fuerza.

—Si me dices que ande desnuda por el festival, lo haré —jadeó Mina—. Si quieres que me preñes a mí y a ella al mismo tiempo, seremos tus incubadoras.

Izuku, disfrutando de la doble retroalimentación sensorial, hizo que ambas se dirigieran a su habitación, donde su cuerpo original yacía desmayado. Entraron y cerraron con llave.

Se turnaron para usar el cuerpo inerte de Izuku. Tsuyu usó su lengua para estimularlo mientras Mina se sentaba sobre su cara, dejando que sus fluidos rosados y dulces bañaran la piel de Midoriya.

—Prueba nuestra mezcla, Izuku... —susurraron ambas—. Somos tus perritas, tus esclavas. Caminaremos desnudas si nos lo ordenas, comeremos lo que nos digas... solo no dejes de usarnos.

El Regreso Triunfal

Tras un clímax doble que casi hace que la conciencia de Izuku estalle por la sobrecarga, las vistió rápidamente. El algoritmo reescribió sus memorias: ahora ambas creían que habían tenido un encuentro lésbico secreto motivado exclusivamente por su deseo mutuo de ser las mejores "herramientas" para Izuku.

Izuku regresó a su cuerpo. Se incorporó en la cama, jadeando, con la boca seca pero el ego por las nubes. Siete chicas. Ya tenía a casi todas las principales de la Clase 1-A y una de la B.

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