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Chapter 5
by
K45
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Capitulo 5
El sol comenzaba a filtrarse por las cortinas del gran departamento de los Jiro, pero dentro, la atmósfera era espesa, cargada de un olor a almizcle, sudor y fluidos que no se había disipado en toda la noche. Izuku abrió los ojos, sintiendo el calor de su nueva "familia" rodeándolo por completo.
**Yuyu Haya**, la orgullosa chica de tercer año, estaba completamente entregada a sus pies, dándole una con una técnica desesperada, como si su vida dependiera de complacerlo cada segundo. Arriba, **Uraraka** usaba sus pechos como almohada para Izuku, acariciando su rostro con una mirada de adoración absoluta, mientras su cuerpo flotaba levemente por la excitación, rozando la cabeza de su maestro.
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**POV Kyoka Jiro**
Me desperté en un rincón de la alfombra, con el cuerpo ardiendo. Mis propios *jacks* estaban conectados a mis muslos, enviándome pulsos eléctricos que me hacían vibrar entera. No pude evitarlo; en cuanto abrí los ojos, mi mano bajó directamente a mi entrepierna. Me masturbé con furia, sintiendo cómo el placer me nublaba la vista. Solo podía pensar en que él es el centro de todo, que mi casa ahora es su templo.
Cuando finalmente llegué al orgasmo, solté un gemido que se perdió entre los ruidos de la habitación. Me levanté tambaleándome, sintiendo cómo el exceso de humedad bajaba por mis piernas, dejando un rastro brillante y pegajoso sobre el suelo de madera mientras caminaba hacia la sala.
Al llegar al salón principal, la escena era un cuadro de degradación perfecta. **Mitsuki Bakugo** estaba desparramada en el sofá de mi madre, con la cabeza hacia atrás y los ojos en blanco, masturbándose con una mano mientras con la otra sujetaba el cabello de su hijo.
**Katsuki**... el gran Bakugo, estaba en el suelo, de rodillas. Ya no gritaba, ya no peleaba. Estaba cumpliendo su función de animal doméstico, comiendo los restos que su madre dejaba caer directamente sobre el suelo, limpiando cada rastro de suciedad con la lengua. Me dio una satisfacción inmensa verlo así de roto.
Seguí caminando hacia la cocina, arrastrando mis pies descalzos por mi propio rastro. Allí, el vapor de la comida se mezclaba con el aroma de la excitación. **Inko-san** estaba frente a la estufa, completamente desnuda, preparando el desayuno con una sonrisa maternal que contrastaba con el charco de fluidos que se formaba bajo sus pies. A su lado, **mi mamá** cortaba verduras en el mismo estado, ambas moviéndose con una sincronía perfecta, chorreando lubricación sobre el piso de la cocina mientras hablaban de lo mucho que Izuku iba a disfrutar la comida.
Todo en este lugar está empapado de él. Mi casa, mi madre, mis amigas... todo es un criadero para su voluntad.
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Kyoka se acercó a su madre y a Inko, abrazándolas por la espalda mientras las tres observaban a Izuku desde la cocina. El "Maestro" se levantó del sillón, apartando a Yuyu y Uraraka, y caminó hacia el centro de la sala, pisando con firmeza el rastro que las mujeres habían dejado por toda la casa.
—Hoy es un gran día —dijo Izuku, mirando a la cámara de seguridad que ahora transmitía todo a su teléfono
El silencio en el departamento de los Jiro no existía; había sido reemplazado por un coro constante de respiraciones pesadas, roces de piel y el sonido rítmico de la devoción. Para el mundo exterior, la ausencia de los estudiantes estrella de la UA sería un misterio, pero aquí dentro, el tiempo se había detenido bajo el mando de Izuku.
**POV de Toru Hagakure**
Es extraño ser la única que nadie puede ver, pero que lo siente todo con una intensidad que me quema los nervios. Estoy desnuda, como el maestro me ordenó, y me paseo por la casa como un fantasma de puro deseo. Nadie nota que estoy pasando junto a ellos, a menos que elija rozarlos, y eso me da un poder que me hace humedecer el suelo por donde camino sin que nadie sepa de quién es ese rastro brillante.
Me detuve en el umbral de la sala. La escena era un festín para mis ojos, aunque yo no tuviera rostro para mostrar mi asombro.
Vi a **Yuyu-senpai**, la gran chica de tercer año, con la boca ocupada por el maestro, moviéndose con una desesperación , **Uraraka** estaba fundida con él, sus pechos aplastados contra su nuca, flotando levemente como si la gravedad misma se hubiera rendido ante Izuku.
Caminé hacia el sillón. El olor aquí era más fuerte. **Mitsuki-san** estaba desparramada, gimiendo con una mano entre sus piernas y la otra tironeando del cabello de **Katsuki**. Me acerqué tanto que podía oler el aliento amargo de Bakugo mientras lamía el suelo, limpiando la caca y los fluidos de su madre con una sumisión que me provocó una risita silenciosa. Me agaché y le soplé en la oreja a Katsuki; él se tensó, sus ojos rojos inyectados en sangre buscaron al aire, pero no encontró nada. Solo yo estaba ahí, burlándome de su caída mientras él seguía devorando su propia humillación.
Fui hacia la cocina, esquivando el charco que **Kyoka** había dejado al levantarse. El rastro era largo y pegajoso. Al entrar, vi a **Inko-san** y a la **señora Jiro**. Estaban cocinando juntas, sus cuerpos maduros brillando por el sudor y la lubricación que caía constantemente de sus sexos, golpeando el piso de la cocina con un sonido rítmico: *ploc, ploc*.
—¿Crees que a Izuku le guste el estofado, Mika? —preguntó Inko, removiendo la olla con una sonrisa que me dio escalofríos.
—A mi dueño le gustará todo lo que salga de nuestras manos, Inko —respondió la madre de Kyoka, restregando su muslo contra el de la peliverde mientras chorreaba más sobre las baldosas.
Me acerqué a ellas y, aprovechando mi invisibilidad, metí la mano en la olla y luego se la pasé por los pechos a la señora Jiro. Ella soltó un jadeo de sorpresa, mirando a su alrededor con los ojos empañados.
—¿Izuku? ¿Eres tú? —susurró ella, aunque él estaba en la otra habitación.
Me alejé riendo para mis adentros. Regresé a la sala y me arrodillé a los pies del maestro, justo al lado de la cara de Yuyu. Estiré mi mano invisible y a acariciar el abdomen de Izuku, sintiendo sus músculos tensarse bajo mi tacto. Él bajó la mirada hacia el espacio vacío donde yo estaba y sonrió. Él sabía exactamente dónde estaba cada parte de mi cuerpo.
—Buen trabajo, Toru —susurró él, y sentí que mi corazón iba a explotar—. Quédate así. Quiero que seas mi sombra hoy.
Me quedé allí, una presencia invisible y excitada, viendo cómo toda esta familia de héroes y madres se convertía en un charco de carne y obediencia bajo el sol de la mañana. Hoy nadie iría a la escuela. Hoy la escuela vendría a nosotros.
**POV Ochaco Uraraka**
Me separé lentamente de él, sintiendo el aire frío golpear mis pechos, que aún conservaban el calor de su nuca. Mis piernas se sentían ligeras, casi como si estuviera a punto de flotar hacia el techo, pero no por mi Quirk, sino por la euforia de haber pasado la mañana siendo su almohada, su soporte, su cosa. Miré hacia abajo y vi a Yuyu-senpai; estaba ahí entregada a los pies de nuestro maestro con una devoción que me hacía sentir un orgullo retorcido. Ya no era mi superior, era mi hermana en esta colmena.
Me levanté del sofá, caminando con cuidado para no resbalar. El departamento de los Jiro se había convertido en un laberinto de fluidos. Mis pies descalzos pisaban los rastros brillantes que Kyoka había dejado al caminar y la humedad que Toru esparcía de forma invisible.
Al pasar por la sala, me detuve un segundo a observar a los Bakugo. Era una visión hipnótica. Mitsuki-san estaba perdida en su propio placer, con los ojos en blanco, mientras su mano derecha se hundía en el cabello de Katsuki, obligándolo a mantener la cara contra el suelo. Ver al chico más explosivo y arrogante de nuestra clase lamiendo la suciedad de la madera, limpiando la caca de su propia madre con una obediencia animal, me hizo soltar una risita suave.
—Buen provecho, Bakugo-kun —susurré, pero él ni siquiera me miró. Estaba demasiado ocupado siendo el perro de la casa.
Entré en la cocina y el vapor me recibió como un abrazo húmedo. El olor a estofado se mezclaba con ese aroma rancio y dulce que ahora todas emanábamos. Inko-san y Mika-san estaban de espaldas a mí. Ambas estaban desnudas, sus cuerpos maduros moviéndose con una cadencia lenta mientras cocinaban. Lo que más me fascinó fue ver el suelo bajo ellas: el piso de la cocina estaba cubierto por una capa delgada y resbaladiza de lubricación que caía de sus sexos mientras trabajaban.
—¿Huele bien, verdad, Ochaco? —dijo Inko-san sin girarse, como si pudiera sentir mi presencia.
—Huele a hogar, Inko-san —respondí, acercándome a la olla.
Metí un dedo en el caldo caliente y luego me lo llevé a la boca. Estaba delicioso, pero lo que realmente me excitaba era ver cómo ellas dos, las madres de mis amigos, habían renunciado a toda vergüenza. Mika-san se frotó contra el costado de Inko mientras cortaba las verduras, y el rastro de ambas se mezcló en el azulejo, creando un charco más grande.
Desde la cocina, podía verlo todo: a Kyoka masturbándose de nuevo en un rincón de la sala, a Toru moviendo las cortinas de forma invisible mientras se paseaba desnuda, y a nuestro maestro, Izuku, observándolo todo desde su trono con una calma absoluta.
Éramos su ejército, su ganado, su familia. Me apoyé en el marco de la puerta, sintiendo cómo mis propios fluidos empezaban a correr de nuevo por mis muslos, uniéndose al rastro colectivo que cubría cada centímetro de este lugar. No necesitábamos la UA. Todo lo que importaba estaba aquí, entre estas paredes empapadas de su voluntad.
—Maestro —dije en voz alta, captando su atención—, la comida casi está lista. ¿Quieres que Yuyu y yo te la sirvamos de rodillas o prefieres que la comamos del suelo como Katsuki?
Izuku se puso de pie, apartando suavemente a Uraraka del marco de la puerta. Su mirada ya no era la de un adolescente confundido; era la de un estratega que entendía que, aunque su control mental era absoluto, todavía era **** ante la fuerza bruta de la sociedad de héroes si se movía demasiado rápido.
—Escuchen —dijo Izuku, su voz resonando con una autoridad que las hizo estremecer—. Aún no tengo el poder para enfrentar a toda la UA si deciden venir a por mí. La discreción es nuestra mejor defensa. Tienen que ir a clases. Actúen como si nada hubiera pasado, pero mantengan la red activa.
La orden fue como un latigazo eléctrico. **Yuyu, Ochaco, Toru y Kyoka** se movieron con una eficiencia mecánica. Se asearon rápidamente, pero bajo los uniformes escolares, la sumisión seguía latente: por orden directa de Izuku, ninguna se puso ropa interior. Se fueron de la casa sintiendo el roce de la tela del uniforme directamente contra su piel excitada, dejando tras de sí un rastro que se secaba en el piso de la casa.
**POV IZUKU**
Me quedé en silencio mientras escuchaba el eco de sus pasos alejándose por el pasillo. La casa volvió a sumirse en ese ambiente denso y privado que solo las madres y yo compartíamos ahora. Me senté de nuevo en el sofá, sintiendo el peso de la responsabilidad de mi propio crecimiento. Necesitaba más piezas, más poder.
—No te preocupes por eso ahora, mi tesoro —susurró **Inko**, acercándose con un cuenco de estofado caliente. Se arrodilló a mi lado y empezó a darme de comer en la boca, soplando cada cucharada con una ternura maternal que ocultaba su absoluta perdición.
Mientras saboreaba la comida de mi madre, sentí un calor húmedo envolviendo mi entrepierna. **Mika Jiro** se había deslizado entre mis piernas. La mujer que antes era una respetable madre de familia ahora me miraba con ojos suplicantes, entregada por completo a la tarea de complacerme. Empezó a darme una lenta, profunda, usando su lengua para demostrarme que no había rincón de mi cuerpo que ella no adorara.
—Eres tan fuerte, Izuku... —gemía Mika entre cada movimiento—. Deja que nosotras nos encarguemos de que no te falte nada.
Después de unos minutos de servicio oral, Mika no pudo aguantar más su propia necesidad de ser reclamada. Se levantó con los ojos empañados por la lujuria y se posicionó sobre mí. Con un movimiento decidido y un suspiro de alivio absoluto, se autopenetró, hundiéndose en mi miembro mientras sus manos se apoyaban en mi pecho para mantener el equilibrio.
Inko seguía dándome de comer, alternando las cucharadas de estofado con caricias en mi cabello, mientras Mika se movía sobre mí en un ritmo frenético, su cuerpo maduro temblando con cada embestida. En la sala de estar, **Mitsuki** seguía vigilando a un **Katsuki** quebrado, asegurándose de que el "orgullo de la UA" no fuera más que un recuerdo bajo sus pies.
—Pronto la UA será mía —murmuré, mientras Mika soltaba un grito ahogado al alcanzar el orgasmo sobre mí, y mi madre me limpiaba la comisura de los labios con un beso.
Izuku mientras estaba disfrutando miro a Mitsuki y a Katsuki.
Izuku se separó de Mika, quien quedó tendida en el sofá recuperando el aliento, mientras Inko dejaba el cuenco de comida a un lado para observar a su hijo con devoción. El joven caminó con paso lento y firme hacia donde estaban los Bakugo.
Mitsuki, al ver que su amo se acercaba, dejó de masturbarse y se incorporó de inmediato, manteniendo a Katsuki bajo su bota.
—Haz que me mire, Mitsuki —ordenó Izuku con voz gélida.
La mujer no dudó. Agarró a su hijo por los cabellos con una fuerza brutal, obligándolo a levantar la cara del suelo. Katsuki tenía los ojos rojos, hinchados por el llanto y la humillación, y el rostro manchado por la degradación que acababa de cumplir. Izuku clavó sus ojos verdes en los de su antiguo rival, concentrando toda la energía de la colmena, ese brillo esmeralda que había doblegado a Yuyu y a las madres en segundos.
Katsuki tembló. Sus pupilas se dilataron y una gota de sudor frío recorrió su nuca. Parecía que iba a romperse, que su mente finalmente se uniría al tejido de la colmena, pero entonces sucedió algo inesperado: el brillo verde de Izuku rebotó contra la voluntad de Bakugo. El rubio soltó un gruñido de dolor y cerró los ojos con fuerza, pero no hubo sumisión, solo un vacío oscuro y una rabia sorda que se negaba a convertirse en adoración.
Izuku retrocedió un paso, frunciendo el ceño.
—¿Qué pasa, Maestro? —preguntó Mitsuki, extrañada de que su hijo no hubiera caído de rodillas gritando su lealtad.
—No funciona... —murmuró Izuku, analizando la situación—. Parece que este poder solo tiene efecto en las mujeres. Mi influencia sobre él es puramente física y psicológica por lo que le hemos hecho, pero su mente no se conecta a la colmena. Es... puramente femenino.
Izuku se quedó pensativo un momento. No era un problema grave, pero sí una limitación que debía tener en cuenta. Si no podía controlar a los hombres mentalmente, tendría que eliminarlos o neutralizarlos de otras formas.
—Mitsuki —dijo Izuku, recuperando su tono de mando—, redacta ahora mismo un comprobante para la UA. Di que Katsuki ha contraído una enfermedad grave y contagiosa, que los médicos le han ordenado reposo absoluto y que no puede recibir visitas. No podemos permitir que nadie lo vea en este estado hasta que decida qué hacer con él. Él ya no es el mismo, y el mundo no debe saberlo.
—Como digas, Izuku —respondió Mitsuki, yéndose de inmediato a buscar su computadora mientras mantenía a Katsuki inmovilizado con una mirada de advertencia.
Izuku se vistió con calma. Se puso sus botas negras, unos pantalones oscuros y una chaqueta que ocultaba su mirada depredadora. Se sentía poderoso, pero **** ante héroes de alto rango como Endeavor o All Might. Necesitaba un escudo, alguien con un poder físico abrumador que pudiera proteger el santuario que había creado.
—Me voy —anunció Izuku a las mujeres presentes—. Cuidad de la casa y seguid las órdenes de la colmena.
Salió del departamento, dejando atrás el aroma de la depravación. Caminó por las calles de Musutafu, ocultando su rostro bajo una capucha. Su mente ya estaba rastreando posibles candidatas. No buscaba a una estudiante esta vez; buscaba a alguien con experiencia, alguien cuya fuerza fuera legendaria y cuya voluntad fuera un reto delicioso de quebrar.
Se dirigió hacia las afueras, hacia una zona de entrenamiento donde sabía que una heroína profesional solía practicar en solitario para mantener sus instintos salvajes.
—**Mirko** —susurró Izuku para sí mismo, con una sonrisa oscura—. Veamos si esas piernas de conejo son tan fuertes contra la voluntad de mi colmena.
What's next?
Colmena
Izuku
Un cambio repentino, provoca una habilidad a izuku de infección mental a través de la mirada / A sudden change triggers Izuku's ability to mentally infect others through his gaze.
Updated on Jun 8, 2026
Created on Jun 8, 2026
by K45
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